Cine de Espada y Brujería de los 80
Hoy hablamos de la explosión del cine de Espada y Brujería en los 80. Esta es la primera parte de dos posts. Exploraremos el auge y la influencia de este peculiar cine hasta 1984, cuando se estrena la segunda parte de Conan. En un segundo post próximamente, retomaremos desde ese año hasta el final de la década.
Introducción
Hasta los 80, el cine fantástico había explorado diversas vertientes de la fantasía heroica, desde el cine mudo, con Los Nibelungos de Fritz Lang en los años 20, pasando por la adaptación de El Príncipe Valiente en los 50, la Espada en la Piedra de T.H. White con el filtro de Disney en los 60 o la adaptación animada de El Señor de los Anillos de Bakshi en 1978.
Pero rara vez alcanzó el tono oscuro, violento y crudo que caracterizaría después al cine de espada y brujería.
Quizá producciones italianas como Ulises en 1954 o Hércules de 1958, de estilo espada y sandalia, marcaron el camino al popularizar figuras heroicas en entornos mitológicos, pero estas películas tendían más hacia la épica mitológica que hacia los sombríos relatos de bárbaros errantes y magos malignos. Sí es cierto que en los 70, algunas producciones comenzaron a incorporar elementos más próximos a la esencia de la espada y brujería. “El viaje fantástico de Simbad” (1973) o “Los conquistadores de Atlantis” (1978), que era la cuarta parte de una serie de películas de ciencia ficción que realizaron el productor John Dark, el director Kevin Connor y el actor Doug McClure, son películas que presentaron héroes enfrentados a criaturas sobrenaturales y fuerzas mágicas. Sin embargo, el verdadero auge estaba por llegar.
Con todo, si os parece, podríamos hacer un post dedicado a las películas cercanas a la Espada y Brujería anteriores a los 80 para desarrollarlo más. Decidme en los comentarios.
En este post y el próximo lo que haremos será empezar en 1980 e intentar pasar por todas las películas, o la mayoría al menos, de Espada y Brujería, o cercanas a la espada y brujería que se fueron estrenando en esta década.
Es cierto que la definición del género es difusa, pero seremos lo más generalistas posibles incluyendo fantasía pero excluyendo lo que caería en terror, fantasía tipos vampiros, zombies, etc. o ciencia ficción, aunque tengan elementos de espada y brujería, como la guerra de las galaxias, por ejemplo.
1980: El inicio de la década
La década de los 80 comienza con el estreno de la tercera parte de la trilogía de El Señor de los Anillos, El Retorno del Rey, en la versión animada de Rankin y Bass, un musical para niños del que hablamos en nuestro post con todas las películas sobre la Tierra Media. Aparecerá el enlace por algún lado de la pantalla o si no, en la descripción. Pero la primera película de la década que podríamos encasillar realmente en el género es la Espada Invencible, estrenada en diciembre de 1980 como Hawk the Slayer, en original. En algunas ocasiones se sitúa la película como de 1981, al haber sido tan tardía.
Con un presupuesto de unas 600 mil libras, Terry Marcel y Harry Robertson trataron de capitalizar el interés creciente en el género, que todavía no era suficiente para producir una adaptación de algún personaje clásico, como Conan. A pesar del bajo presupuesto, es una película que cumple, con interpretaciones justitas, pero contando una historia que se hace entretenida gracias principalmente a que es corta, en torno a hora y media de película.
El argumento es sencillo: la lucha de dos hermanos: Voltan, un tirano despiadado, hiere mortalmente a su propio padre en su obsesión por obtener una piedra mágica de gran poder. Su hermano, Hawk, interpretado por un jovencísimo John Terry, el Christian Shephard de Lost, llega demasiado tarde para salvarlo, pero hereda una espada legendaria que se fusiona con la piedra, otorgándole el poder de controlarla con la mente. Hawk jura vengar la muerte de su padre y acabar con la tiranía de Voltan.
En fin, un clásico de culto que recibió muy malas críticas en su época pero que fue ganando con los años.
También de 1980 es una historia corta, Black Angel (1980), que creo que cabe destacar porque fue dirigido por Roger Christian, conocido por su trabajo de director estético en La Guerra de las Galaxias o en Alien. El corto, con un presupuesto de unas 25 mil libras, se proyectó antes de El Imperio Contrataca en algunos cines . Cuenta la historia de Sir Maddox, un caballero medieval que regresa de las Cruzadas para encontrar su hogar devastado por una enfermedad. En su viaje se encuentra con una misteriosa doncella que está cautiva de un oscuro caballero, el Ángel Negro. Para liberarla, debe enfrentarse a él.
Perdido durante años, el filme fue redescubierto en 2011 y se puede encontrar en Youtube, dejo el link en la descripción.
1981: El efecto Arturo
En 1981 se produce una pequeña primera explosión en las películas del género y tenemos algunos grandes títulos, el más destacable, sin duda, Excalibur.
Dirigida por John Boorman y basada en la adaptación de Rospo Pallenberg de la obra de Sir Thomas Malory de 1485, Excalibur es una obra maestra del cine de fantasía, que lleva a la pantalla con intensidad y misticismo la leyenda del Rey Arturo.
Destaca por su estética oscura, cargada de simbolismo y una atmósfera que parece sacada directamente de los sueños y pesadillas de la Edad Media. Con un elenco estelar encabezado por Nigel Terry como Arturo, Nicol Williamson en una interpretación icónica de Merlín, y Helen Mirren como la seductora Morgana, Excalibur se convierte en una experiencia visual única que fusiona el realismo crudo con lo sobrenatural. La dirección de Boorman, junto con la banda sonora de Trevor Jones y piezas de Wagner o del Carmina Burana de Carl Orff, eleva cada escena a un nivel épico.
La trama abarca desde la llegada de Uther Pendragon al trono, pasando por la mítica espada clavada en la piedra, hasta la caída de Arturo y la búsqueda del Grial inspirado más en la mitología celta que en el Santo Grial cristiano, justificado en que la película no está basada en la verdad histórica, sino en la verdad mítica.
Excalibur se mantiene como una referencia clave en el cine de espada y brujería, influyendo a generaciones de cineastas y consolidando su estatus como una película de culto. Con un presupuesto de unos 11 millones de dólares, recaudó más del triple sólo en el primer año, siendo nominada a un óscar y a dos premios en el festival de Cannes.
De 1981 es también interesante Guerra de Titanes, basada en el mito griego de Perseo. Bajo la dirección de Desmond Davis, es una ambiciosa producción, que costó unos 10 millones de dólares y fue un éxito de taquilla, recaudando 40 millones solo en Estados Unidos durante el primer año.
Busca capturar el esplendor y la grandiosidad de la mitología griega, con resultados desiguales pero visualmente impactantes. La película cuenta con un elenco notable encabezado por Harry Hamlin en el rol de Perseo, papel que luego retomará en God of War II, mientras que Laurence Olivier aporta una presencia imponente como Zeus. Maggie Smith, como Tetis, añade matices interesantes a su papel de diosa vengativa, brindando algunas de las actuaciones más memorables del filme. Sin embargo, el verdadero punto fuerte de la película radica en los efectos especiales de Ray Harryhausen, cuyo trabajo en stop-motion da vida a criaturas como Medusa o el Kraken, proporcionando una textura visual que, aunque antigua para los estándares modernos, conserva un encanto artesanal difícil de replicar.
También de 1981 cabe destacar al menos dos películas más del género, aunque de menor éxito ambas: El Dragón del lago de Fuego y El arquero de Fuego.
El Dragón del lago de Fuego, Dragonslayer, dirigida por Matthew Robbins y co-producida por Walt Disney y Paramount, es una interesante aproximación al género de fantasía que destaca por su tono oscuro y su atmósfera más madura en comparación con otras películas del mismo periodo. Protagonizada por Peter MacNicol en el papel de Galen, un joven aprendiz de mago, la película también cuenta con la sólida interpretación de Ralph Richardson como Ulrich, el anciano hechicero que guía al héroe.
La película presenta una reinterpretación del mito de San Jorge y el Dragón, desmarcándose de los relatos de fantasía tradicionales de la época, al presentar un mundo áspero, donde la magia es un arte en decadencia y los dragones representan una amenaza real y palpable. La criatura central, Vermithrax Pejorative, un dragón de 400 años, se convierte en uno de los dragones más convincentes y temibles que había visto el cine hasta el momento, gracias a los efectos visuales llevados adelante por Industrial Light and Magic (ILM), siendo la primera vez que estos trabajaban en una producción ajena a Lucasfilm. ILM utiliza la técnica de animación go motion, que habían desarrollado para El Imperio Contraataca, consiguiendo así una nominación al Oscar a los Mejores Efectos Visuales, que perdieron frente a En busca del arca perdida, cuyos efectos también eran obra de ILM.
El dragón Vermithrax, por cierto, ha sido reconocido como uno de los dragones favoritos de Guillermo del Toro o de George Martin, que ponía a esta película como su quinta favorita del género.
Aunque la narrativa puede resultar lenta en algunos momentos, la tensión acumulada y la representación del dragón culminan en una secuencia final impactante y bien lograda. Dragonslayer fue un gran fracaso comercial, pero tuvo cierto éxito de la crítica en su momento, recibiendo dos nominaciones a los óscar, y ha ganado reconocimiento con el tiempo como una obra que desafió los convencionalismos del género, ofreciendo una visión más sobria y adulta de los cuentos de dragones y magia.
En cuanto a El arquero de Fuego, o The Archer, dirigida por Nicholas Corea, fue estrenada en Estados Unidos para televisión. Lane Caudell protagoniza la película como Toran, un joven guerrero envuelto en la clásica lucha contra el mal, acompañado por el siempre carismático George Kennedy en el papel de su mentor Mak. A diferencia de producciones cinematográficas más ambiciosas, The Archer fue concebida como un piloto para una serie de televisión que nunca se materializó, lo que explica su final abierto. Aunque la dirección de Corea no alcanza las cotas épicas de otras películas de fantasía de la época, el filme logra destacar en ciertos aspectos técnicos, especialmente en el diseño de las criaturas y el uso de efectos prácticos.
La trama sigue a Toran en su búsqueda de justicia y venganza tras el asesinato de su padre, mientras escapa de las fuerzas del malvado Gar, interpretado con notable presencia por Kabir Bedi. La música, completamente electrónica y compuesta por Ian Underwood, aporta un toque distintivo, aunque en ocasiones desentona un poco con la ambientación medieval-fantástica.
En fin, a pesar de las limitaciones presupuestarias y técnicas, la película encontró cierto público entre los aficionados al género.
Para terminar con este año, finalmente, aunque no estoy completamente seguro de poder incluirla dentro del género, tenemos la canadiense Heavy Metal.
Dirigida por Gerald Potterton, es una película de animación para adultos que mezcla ciencia ficción y fantasía con una dosis considerable de violencia gráfica y sexualidad. El director, con esta película en su debut, logra una atmósfera visualmente impresionante, gracias a la colaboración de múltiples estudios de animación. La película se compone de varias historias interconectadas por el tema común de una fuerza maligna, con segmentos que varían en tono y estilo, lo que puede ser un acierto o un tropiezo dependiendo del gusto del espectador.
Heavy Metal es, ante todo, un ejercicio de estilo y estética más que una obra de narración profunda. Las historias, aunque viscerales y a menudo exageradas, no buscan dar lecciones morales ni desarrollar personajes complejos, sino que se enfocan en ofrecer una experiencia sensorial de fantasía de alto voltaje. La mezcla de humor oscuro, erotismo y violencia gratuita probablemente decepciona a quienes buscan una narrativa coherente o profundización en los temas que aborda, pero es efectiva en su propósito de seducir a una audiencia joven y ávida de sensaciones fuertes. Con el tiempo ha ganado una base de seguidores de culto que valoran su audacia visual y musical, que incluye a artistas de la talla de Black Sabbath.
Conan El Bárbaro y 1982
En cualquier caso, y sin ninguna duda, el punto de inflexión ocurrió en 1982 con el estreno de Conan el Bárbaro, dirigida por John Milius y protagonizada por Arnold Schwarzenegger. Esta película, basada en los relatos de Robert E. Howard, no solo definió el subgénero, sino que abrió las puertas a una oleada de películas similares a lo largo de la década, especialmente durante la mitad. Su éxito comercial y la poderosa presencia de Schwarzenegger marcaron el inicio de una era dorada para el cine de espada y brujería, consolidando el subgénero en la cultura popular.
La película se caracteriza por su enfoque épico, con un tono sombrío y violento que, a pesar de estar anclado en los convencionalismos del cine de acción de la época, logra destacar por su atmósfera y el carisma de su protagonista, Arnold Schwarzenegger.
Como curiosidad, Jorge Sanz hace el papel de Conan de niño. Al parecer, se presentó al casting en el que había unos 400 niños. Cuando ya se iba, la actriz Amelia de la Torre lo detuvo para asegurarse de que hiciera una prueba de cámara, lo que finalmente le valió el papel por su fotogenia. De hecho, parece que el papel era para otro niño, y se extendió el rumor, probablemente falso, de que podría haber sido Miguel Joven, a Tito en Verano Azul, un papel para el que Sanz también hizo prueba, intercambiando el rol en este caso. Pero no hay nada confirmado. De hecho, en Wikipedia señalan que el papel estaba destinado a Gari Tejera, quien según la enciclopedia de internet aparece brevemente en Tunka, el guerrero, una película de la que hablaremos luego. Pero lo cierto es que en los créditos de esta película no aparece ningún Gari Tejera, del que por cierto no he podido encontrar más información, sino Óscar David, que posiblemente sea Óscar David Gómez, quien más tarde trabajó como guionista o director de arte en diversas producciones españolas. Vaya culebrón, ¿eh? En todo caso, esto es otra historia y debe ser contada en otra ocasión.
Aunque el personaje de Conan de la película se aleja en muchos aspectos de la versión de Robert E. Howard, la película sigue siendo interesante y relevante dentro del subgénero de espada y brujería. En las novelas de Howard, Conan es más astuto, con un trasfondo más detallado sobre su mundo y sus principios, mientras que en la película, el héroe es presentado de manera más simplificada, casi como una fuerza primitiva de venganza en algunos momentos.
A pesar de estas diferencias, el Conan de Schwarzenegger tiene una poderosa presencia que encarna bien los temas fundamentales del género: supervivencia, honor y la lucha por la justicia en un mundo brutal. Dentro del contexto de la espada y brujería, la película ofrece un retrato convincente de un héroe forjado por la violencia, una figura que se enfrenta a un destino oscuro y está dispuesta a desafiarlo.
A lo largo de la película, Milius logra equilibrar momentos de acción cruda con una exploración superficial de la venganza, la lealtad y la supervivencia en un mundo sin piedad. Lo cierto es que la trama funciona y Conan el Bárbaro logró convertirse en un clásico de culto, destacándose por su enfoque visual, la excelente banda sonora de, a ver si esta vez lo pronuncio bien, Basil Poledouris y su impacto en la cultura popular.
Fue un éxito comercial: con un presupuesto de unos 20 millones de USD, el filme recaudó en torno a 80. Además, Sandahl Bergman, que hace de Valeria, una ladrona que será el interés romántico de Conan en la película, se llevó un globo de oro como actriz revelación. Y sin duda, todo el tsunami de Espada y Brujería contemporáneo y posterior, comienza aquí.
De este mismo año, por ejemplo, tenemos El señor de las bestias, o The Beastmaster, dirigida por Don Coscarelli, una película de espada y brujería que se distingue por un enfoque bastante excéntrico y una atmósfera aventurera.
Basada en la novela de André Norton, la película cuenta la historia de Dar, un joven con la capacidad única de comunicarse con los animales, que busca venganza tras la destrucción de su aldea. A lo largo de su viaje, se enfrenta a fuerzas oscuras y criaturas fantásticas, mientras forma una alianza con un grupo de animales salvajes, incluyendo un tigre, un halcón y un águila. La trama, aunque algo predecible y simple, ofrece suficientes momentos de acción y magia para mantener a los fans del género interesados, con una narrativa que se apoya en el heroísmo clásico y el combate contra las fuerzas del mal.
Marc Singer, conocido principalmente por su papel en V (la serie de TV), interpreta al protagonista, quien se presenta como un héroe carismático. Su interpretación, aunque no particularmente profunda, resulta adecuada para el tono de la película, y su relación con los animales es uno de los aspectos destacados. La química entre Singer y sus compañeros animales es parte del atractivo de la película.
En cuanto al director, Don Coscarelli, quien se hizo famoso por la serie Phantasm, se aleja de su habitual estilo de horror para ofrecer un relato de fantasía, pero conserva un enfoque único para lo extraño y lo surreal, que a veces se traduce en escenas algo exageradas o de un tono involuntariamente cómico. La película no escapa de las limitaciones de su época, aunque tuvo un presupuesto de unos 9 millones de USD, que permitió unos efectos especiales que, aunque modestos, logran cumplir su propósito. La música, de la mano de un sintetizador característico de los años 80, refuerza la atmósfera épica y nostálgica, aunque algunas veces puede sentirse más propia de una serie B que de una producción de alto presupuesto.
Cromwell, el Rey de los Bárbaros, estrenada en inglés como The Sword and the Sorcerer fue dirigida por Albert Pyun. Es una película de espada y brujería que busca combinar elementos clásicos del género con un tono ligeramente más fantástico. En su trama, un héroe errante, Talon (interpretado por Lee Horsley), se ve envuelto en una lucha contra el tirano malévolo, Cromwell, interpretado por Richard Lynch, que llegó al poder tras asesinar al padre de Talon con la ayuda de un hechicero de la mejor tradición de espada y brujería: Xusia.
La película es consciente de su naturaleza de aventura fantástica y no tiene reparos en entregarse a una mezcla de magia, batallas y romance.
Aunque la dirección de un novato Pyun, que será conocido después por sus producciones de serie B, es algo desarticulada en algunos momentos, pero sabe aprovechar el ambiente y las escenas de acción. Así que a pesar de un presupuesto limitado, Cromwell el rey de los bárbaros es una película que logra captar la esencia de los relatos de Howard y entretener con su mezcla de aventura y fantasía, ganándose con el tiempo una pequeña base de seguidores. Eso sí, fue un fracaso de taquilla, lo que impidió que se rodara una segunda parte que ya estaba pensada.
Los Bárbaros, que se estrenó como Sorceress o Hechicera en Estados Unidos, fue dirigida por Jack Hill bajo el seudónimo de Brian Stuart. Es un producto de espada y brujería que intenta fusionar lo mejor de la magia, el misticismo y el erotismo, pero que acaba siendo una experiencia… bueno, bastante floja.
La trama sigue a dos hermanas que debido a un hechizo ancestral se convierten en poderosas hechiceras en una lucha por el control de un artefacto mágico que puede decidir el destino de su mundo. La historia está llena de clichés típicos del género, con magia oscura, un villano malévolo y héroes en la sombra, con una dosis de violencia y erotismo bastante innecesarios. Pero lo que le falta en términos de originalidad, lo compensa con una energía que puede llegar a ser curiosa para los aficionados más incondicionales del género.
Las escenas de acción, a pesar de ser relativamente frecuentes, son torpes y carecen de la emoción que se espera de este tipo de historias. Los efectos especiales son rudimentarios, incluso para la época, y el vestuario y la puesta en escena son más que nada una caricatura de los estereotipos del género. En fin, que es una película que probablemente solo satisfaga a los seguidores más fervientes de las películas de bajo presupuesto de la década, quienes pueden disfrutar de sus momentos absurdos.
En otro planeta, literalmente, habría que situar El cristal oscuro, dirigida por Jim Henson y Frank Oz. Aquí nos encontramos ante una de las películas más ambiciosas de los años 80, combinando el arte de la marioneta típico de Henson con un estilo de fantasía oscuro y sombrío. La película es una clara manifestación de la habilidad de Henson para crear mundos complejos y visualmente cautivadores.
La historia se desarrolla en un universo postapocalíptico en el que Jen, del clan de los Gelflings, una raza humanoide tipo elfos, intenta restaurar el equilibrio de su mundo derrotando a los malvados Skekses.
El Cristal Oscuro es una película difícil de clasificar. Su mezcla de fantasía, ciencia ficción y horror, junto con una trama centrada en temas como el poder, la corrupción y la lucha por el control, la convierten en una obra que no se limita a ser una película de fantasía tradicional. Su tono sombrío y su complejidad temática la hacen menos accesible a una audiencia más joven.
En todo caso, sigue siendo un clásico de culto que, más de 40 años después, sigue dejando una impresión profunda.
Dirigida a un público más infantil, tenemos El vuelo de los dragones, de Bass y Rankin, una película de animación que comparte título y algunos elementos con el libro de Peter Dickinson, pero realmente se basa en la novela The Dragon and the George, de Gordon R. Dickson.
La película mezcla elementos de fantasía clásica con un enfoque en la importancia del conocimiento y la imaginación y es una buena película para ver con tus hijos o sobrinos pequeños, explicándoles que entonces las cosas iban más lentas y tardaban más en madurar.
También de Bass y Rankin, también animada y también de 1982, El Último Unicornio es una película basada en la novela homónima de Peter S. Beagle. La trama sigue a una unicornio que, piensa que podría ser la última de su especie y emprende un viaje para encontrar a otros, desafiando a enemigos durante su camino, donde se enfrenta a un bruja y conoce a un mago torpe.
La película, animada por el estudio japonés Topcraft, precursor de Studio Ghibli, destaca por sus imágenes únicas. Aunque recibió críticas positivas por su fidelidad a la novela, no fue un éxito comercial, recaudando menos de lo esperado. En todo caso, ha alcanzado un estatus de culto con el tiempo, apreciada por su melancolía, narrativa compleja y su exploración de temas como la mortalidad y la pérdida.
No estoy seguro de si debo, pero sí quiero hacer mención aquí a El umbral del juego, también conocida como Monstruos y laberintos: En el umbral del miedo. Mazes and Monsters en inglés. Producto enfocado para la televisión dirigido por Stephen M. Hill, es una de esas películas que refleja los temores y estigmas de la época respecto a los juegos de rol, en particular Dungeons & Dragons. De hecho, se iba a llamar así aunque al final temiendo una demanda, cambiaron el nombre.
La película se basa en la novela de Rona Jaffe, publicada en 1981, inspirada en artículos de prensa que, de manera errónea y distorsionada, cubrían la muerte de James Dallas Egbert III, un joven de 16 años, tras supuestamente participar en una partida de rol en vivo. Esta información, falsa, fue proporcionada por un detective llamado William Dear.
La película trata de explorar el impacto psicológico de estos juegos, que en los años 80 eran considerados peligrosos por algunos sectores de la sociedad. Hablamos un poco de este estigma en nuestro post sobre los juegos de rol. Esta película se trajo a España por Antena 3 en los peores años de este estigma en nuestro país, a principios de los 90, cuando ya hacía varios años que el propio detective, William Dear, había afirmado que todas aquellas informaciones eran falsas.
En fin, un guion con tono moralista y simplista, que se ver desactualizado e ingenuo en retrospectiva. La película se podría medio salvar porque aparece un Tom Hanks en sus primeros años, pero no puede levantar un personaje forzado y muy poco desarrollado. Al final, no es más una curiosidad de los años 80, para ver en retrospectiva la controversia que rodeaba al fenómeno del rol.
Seguramente más interesantes o sobre todo más relacionadas con el género son las producciones italianas de bajo presupuesto que muy pronto se añadieron a la moda desatada por Conan. Es importante tener en cuenta aquí que tienen cierto encanto, o algunas tienen cierto encanto, en general son producciones de calidad más que dudosa.
Por ejemplo, Ator El Poderoso, o Ator, the Fighting Eagle, dirigida por Joe D’Amato. La película se caracteriza por un tono exagerado y una narrativa tremendamente sencilla. Sigue a Ator, interpretado por Miles O´Keefe, un joven guerrero hijo del dios Thor, que tras la muerte de su madre a manos de un malévolo hechicero es entrenado por Griba, Edmund Purdom, un poderoso guerrero. El día de su boda, secuestran a su novia, lo que le lleva a un viaje donde se enfrentará a monstruos, bandidos y magia oscura, encontrando por el camino aliados y amazonas, una de ellas interpreada por Sabrina Siani, una clásica del género que escucharéis a menudo a lo largo de estos posts. Y no tendréis que esperar mucho, sólo en el 82 aparece en dos películas más. En fin, respecto al argumento, rebuscado, como podéis ver.
El hecho es que la película de D’Amato está tan mal hecha que resulta hilarante. Nunca se toma demasiado en serio a sí misma, lo que resulta ser tanto su mayor virtud como su mayor defecto. Consciente de sus limitaciones, no busca reinventar el género, ofrece una experiencia visualmente directa y sin complicaciones, que puede funcionar como entretenimiento para los seguidores más incondicionales de la espada y brujería.
Otro ejemplo de este cine de este mismo año es Gunan el guerrero, dirigida por Franco Prosperi bajo el seudónimo de Frank Shannon. Otro filme mezcla de aventura y fantasía que, a pesar de sus aspiraciones, se ve limitado por su bajo presupuesto y las decisiones creativas apresuradas.
La mayor aspiración está en el concepto de la historia, que se sitúa en un futuro distante y decadente, donde surge una profecía que predice la llegada de un elegido que traerá la paz, pero el problema surge cuando la mujer destinada a ser la madre da a luz gemelos, uno bueno y otro malvado.
Y ya está, después de una premisa decente la narración, por no decir guion, se centra en un trasfondo de venganza de Gunan, interpretado por Pietro Torrisi, tópico del género. Curiosamente, Torrisi hará de doble de acción de Arnold Schwarzenneger en Red Sonja. Luego hablamos de ella. Por ahora hablamos de Lenne, una mujer guerrera, interpretada de nuevo por Sabrina Siani, que ayudará a Gunan en dicha venganza. Su aparición, normalmente desnuda, nos deja escenas surrealistas, desde el no sé cómo definirlo, vergonzoso en plan vergüenza ajena momento en que se conocen hasta los lamentables diálogos que mantiene con el protagonista.
La producción, claramente de bajo presupuesto, se ve reflejada en la realización, que incluye material reciclado de otros filmes, como la lucha de dinosaurios en stop-motion del inicio, que por otro lado carece completamente de sentido. Además, la película recurre a un efecto en las escenas de acción, rodadas a cámara lenta, carecen de toda espectacularidad. Esto, combinado con una repetición de planos y una puesta en escena deficiente, hace que el resultado final sea un tanto deslucido.
La película tiene el encanto propio de la estética de serie B y de propia torpeza de su ejecución, lo que puede convertirla en una pieza de completismo del género. Pero poco más.
En la misma línea, y en general con casi el mismo plantel de actores, tenemos el mismo año La Espada Salvaje de Krotar, en inglés Krotar: The Sword of the Barbarians,dirigida por Michele Massimo Tarantini, es una película de espada y brujería que sigue las convenciones del género sin ofrecer demasiada innovación.
Con una trama simple, centrada en un héroe que lucha contra un tirano malvado, la ejecución se ve limitada por un presupuesto bajo, lo que afecta tanto a los efectos especiales como a las coreografías de las peleas. La interpretación de Pietro Torrisi como protagonista es funcional pero carece de profundidad, y aparecerá también de nuevo Sabrina Siani, en otro papel sin más, al igual que otros personajes secundarios, lo que contribuye a la falta de conexión emocional en la historia.
En fin, aunque La Espada Salvaje de Krotar puede resultar entretenida para los fanáticos del género, ofrece una experiencia de aventura y fantasía genérica y sin gran impacto.
Para terminar por el lado italiano, me gustaría comentar brevemente Atila, azote de Dios, en el límite seguramente de la Espada y Brujería y lo cómico, dirigida por franco Catellano. La película se centra de forma fantasiosa en las aventuras de Atila, que pretende conquistar Roma pero constantemente se ve envuelto en situaciones ridículas, combinando referencias históricas con elementos modernos y absurdos, lo que refuerza su tono satírico. Sin más ni menos.
Y en fin, si hemos comentado estas, no sería justo terminar 1982 sin al menos nombrar algunas películas que muchas veces quedan fuera del radar de los típicos rankings o recopilaciones porque fueron producciones relativamente raras en su época.
Tranquilos, Fronteras de Fantasia ya las ve por vosotros. Algunas por suerte y otras por desgracia.
Así por ejemplo, tenemos Hero, una película independiente escocesa, rodada en gaélico, escrita y dirigida por Barney Platts-Mills, basada en La persecución de Diarmuid y Gráinne del Ciclo Feniano de la mitología escocesa. Fue nominada al León de Oro en el festival de Venecia, en 1982. O El tercer príncipe, película checoslovaca, inspirada en un relato infantil popular. La trama sigue a dos príncipes gemelos, uno de los cuales se enamora de un retrato de una princesa enigmática. Para poder encontrarla, deberá superar diversos desafíos y enfrentarse a la princesa que habita en las montañas. O Sangkuriang: La Ira del Guerrero, una película indonesa donde un guerrero tras años de meditación consigue control sobre los elementos. Mezcla rara de artes marciales y personajes legendarios y una extraña e inesperada dosis de filosofía oriental.
O la hongkonesa The Miracle fighters o la taiwanesa The Fairy and the Devil… En fin, el verdadero arranque del género. Aunque el plato fuerte viene justo después del 82.
La tormenta de 1983
Siguiendo con la explosión del 82, el año 1983 nos trajo bastantes películas del género. Quizá la más destacable sea Krull, dirigida por Peter Yates, una de las producciones más ambiciosas del cine de fantasía de los años 80, aunque su mezcla de elementos de aventura y ciencia ficción se percibió como un intento fallido de replicar el éxito de sagas como la Guerra de las Galaxias.
De hecho quizá su fracaso en taquilla puede tener algo que ver con las comparaciones con El Retorno del Jedi, estrenada aquel mismo año: Krull tuvo un presupuesto de unos 30 millones de USD y no llegó a recaudar ni un tercio.
El guion, escrito por Stanford Sherman, toma inspiración de las clásicas historias de caballeros y mitología, fusionando la fantasía medieval con una invasión alienígena, conceptos que pegaban tan a lo bruto como intenta esta película sólo en los 80, cuando todo lo hortera estaba permitido. De hecho ni siquiera, porque estos elementos nunca logran integrarse de manera orgánica.
La trama sigue a un joven príncipe, Colwyn (interpretado por Ken Marshall), que busca rescatar a su prometida, la princesa Lyssa (Lysette Anthony), quien ha sido secuestrada por una fuerza maligna conocida como “La Bestia”. Para vencerla debe conseguir un arma mítica, El Glaive, una daga de cinco hojas en forma de estrella con cuchillos en las puntas. Cuando la consigue, debe encontrar el palacio que cambia cada día sitio. En su viaje, es acompañado por un grupo de aliados, incluidos unos ladrones, un mago que funciona como alivio cómico y un cíclope, lo que le da a la película el tono clásico de búsqueda épica.
El elenco de Krull es un aspecto que contribuye al atractivo de la película, aunque sus interpretaciones son, en general, bastante funcionales. Ken Marshall, quien interpreta al protagonista Colwyn, ofrece una actuación sólida, aunque carece del carisma que podría haber impulsado al personaje más allá de los estereotipos del “héroe destinado”. Lysette Anthony, como la princesa Lyssa, cumple su rol sin mucho destaque, mientras que los actores secundarios, entre ellos el legendario actor británico Liam Neeson, jovencísimo por cierto, aportan cierta seriedad a la historia.
A nivel visual, Krull destaca por sus efectos especiales. El uso de paisajes y escenografía también es interesante. Por desgracia, la película no logra sobreponerse a sus altibajos en cuanto a ritmo y desarrollo narrativo.
A pesar de sus carencias, Krull ha ganado una especie de culto entre los fanáticos del cine de fantasía de la década de 1980. En mi opinión y después de decir todo lo anterior, es una película que está bastante infravalorada, y ha envejecido considerablemente mejor que otras películas de la época que en su momento tuvieron más fama. No hace mucho que la revisité y la verdad que me entretuvo. Desde luego, otro planeta respecto a las películas italianas que hemos comentado antes.
También de este año es la maravilla animada de Bakshi: Tygra, hielo y fuego. Producida por Frank Frazetta, sí, el de las ilustraciones de Espada y Brujería, entre ellas las portadas de la edición de Conan de Camp, es una película de animación que se adentra en el mundo de la fantasía épica con una estética que recuerda a los cómics de espada y brujería.
La historia escrita por Gerry Conway y Roy Thomas, sí el guionista de los cómics de Conan, entre otros del género, es un clásico relato de lucha entre el bien y el mal, situado en un mundo ficticio de hielo y fuego. El argumento sigue a un joven guerrero llamado Larn y a una princesa llamada Teegra, quienes se ven atrapados en una guerra librada entre dos poderes: el imperio helado de los malvados villanos de la película y las tribus guerreras que luchan por la supervivencia.
Ralph Bakshi, conocido por su enfoque experimental y su estilo único de animación, le da a la película una atmósfera visualmente impactante. Su trabajo aquí, aunque no tan vanguardista como en otras de sus producciones, sigue siendo eficaz en la creación de una atmósfera oscura y mística. A través de una mezcla de técnicas de animación tradicional con elementos pintados a mano, Bakshi logra crear un mundo vibrante y sombrío que se ajusta bien al tono de la película. Con todo, el estilo artístico de Frazetta es el que predomina, y su influencia es evidente en cada fotograma, que mantiene un fuerte componente visual de cómic de fantasía clásica.
A ver, poniéndonos en plan críticos expertos, espera que coja las gafas de pasta, aunque la animación es impresionante en su diseño visual, la trama y los diálogos son bastante predecibles y simples. Los personajes, particularmente los protagonistas, no llegan a ser tan profundos o complejos como podrían haber sido, limitándose a ser arquetipos de la fantasía. Las secuencias de lucha son algo repetitivas, y la película, en general, es muy dependiente de su estilo visual y la atmósfera creada por la animación.
Esta falta de profundidad en la trama, unida al hecho de ser una animación para adultos, que se lo digan a la Guerra de los Rohirrim, es seguramente lo que lamentablemente provocó su escaso éxito en taquilla.
Con un enfoque más económico y menos ambicioso, en esta época comienzan también las coproducciones estadounidenses-argentinas. Por ejemplo, El último guerrero o Deathstalker, dirigida por James Sbardellati bajo el pseudónimo de John Watson y coproducido por Roger Corman, que será un clásico de este género en los 80.
La historia sigue a un guerrero llamado Deathstalker (interpretado por Rick Hill), un personaje arquetípico del género: fuerte, audaz, y en busca de venganza. La trama se centra en su lucha para derrotar a un malvado hechicero, Munkar, que mantiene un control absoluto sobre un reino tiránico. Para ello debe conseguir un cáliz, un amuleto y una espada, los tres poderes de la creación, pero dos de ellos están en manos de Munkar.
Rick Hill como Deathstalker es un héroe bastante plano y el elenco secundario, que incluye a la acrtiz Barbi Benton, ofrece interpretaciones igualmente funcionales pero sin mayor profundidad. Las relaciones entre los personajes se desarrollan de manera previsiblemente esquemática, y el guion no hace mucho para desarrollar realmente sus motivaciones o conflictos internos.
Con todo Deathstalker es una película que puede ser disfrutada por aquellos que buscan una dosis rápida de acción y fantasía, y que no esperan mucho más. Es una película entretinada, sin más pretensiones y por eso, con un presupuesto inferior el medio millón de USD, se embolsó más de 5 millones de USD en su primer año en los cines, lo que le aseguró varias secuelas, absolutamente prescindibles, que al menos nombraremos más tarde.
Para terminar, quizá tenga interés citar aquí la británica Prisioneros del Mundo Perdido, de Terry Marcel, una película sobre viajes interdimensionales. Es justita, pero entretenida. A ver, yo diría que es más de ciencia ficción, pero bueno, hay temas medievales, así que ante la duda, la pongo…
Respecto a la aportación italiana de este año, la más destacable es sin ninguna duda, Hércules. Con un presupuesto de 6 millones de USD, dirigida por Luigi Cozzi, es una de esas películas que, aunque claramente no aspire a alcanzar grandes logros artísticos, ofrece una versión entretenida y visualmente llamativa de la clásica mitología griega.
La película es protagonizada por el campeón de body building Lou Ferrigno, quien interpreta al mítico héroe Hércules. Ferrigno, que ya era famoso por su papel en la serie de televisión de Hulk, ofrece una interpretación en la que su imponente físico es la verdadera estrella, aunque su actuación es algo limitada en cuanto a matices.
La trama sigue a Hércules, que debe rescatar a la princesa Casiopea, quien ha sido secuestrada por el malvado rey Minos. Si bien la historia no se aleja demasiado de las convenciones de la época, con escenas de batallas que muestran la lucha entre el bien y el mal, la película nunca alcanza la grandeza de otras producciones de su tipo. En lugar de eso, se conforma con ofrecer un espectáculo visual repleto de acción desenfrenada y un toque de humor que le da un aire desenfadado.
El aspecto técnico de Hercules es una mezcla de logros modestos y fallos evidentes, con los efectos especiales de la época siendo una de las áreas más destacadas. Las criaturas y el uso de miniaturas son llamativos, pero a menudo se sienten más como una curiosidad nostálgica que como una verdadera innovación. En definitiva, Hercules es una obra disfrutable para aquellos que buscan una fantasía ligera y sin demasiados complejos.
La película tuvo una recepción de la crítica muy negativa, pero cierto éxito de público que justificó alguna secuela.
Otra producción es Yor, el cazador que vino del futuro dirigida por Antonio Margheriti, es otra producción italiana, con ayuda francesa y turca, que presenta un peculiar cruce entre la ciencia ficción y la fantasía prehistórica. Basada en el cómic argentino Henga el cazador, de Eugenio Juan Zappietro y Juan Zanotto, no destaca por su sutileza narrativa, pero ha conseguido un estatus de culto con el paso de los años.
Protagonizada por Reb Brown, Corinne Cléry y John Steiner, la película sigue las aventuras de Yor, un guerrero errante que se enfrenta a dinosaurios, tribus hostiles y misteriosos seres de una sociedad avanzada, mientras intenta desentrañar los secretos de su origen.
Filmada en las impresionantes formaciones rocosas de Capadocia, la película ofrece una mezcla visual que combina paisajes naturales con efectos especiales rudimentarios pero efectivos para la época.
A pesar de las duras críticas que recibió en su estreno, Yor, el cazador que vino del futuro logra entretener gracias a su descarado enfoque pulp y a una trama que no teme desviarse hacia lo absurdo. La película se siente como una amalgama de Conan el Bárbaro y Flash Gordon, con una segunda mitad que adopta inesperadamente elementos de ciencia ficción, incluyendo androides y tiranos post-apocalípticos.
La conquista de la tierra perdida, Conquest en el original, es otra producción italiana, con ayuda española y mexicana, dirigida por Lucio Fulci.
Es una película que se sitúa entre el terreno de la fantasía épica y el horror. De hecho, Fulci es conocido principalmente por su trabajo en el cine de terror, especialmente en los subgéneros del gore y el horror psicológico. Así que intenta aplica su característico estilo a este relato fantástico, que tiene una atmósfera oscura y algo surrealista.
La película cuenta la historia de un joven guerrero llamado Ilias, interpretado por Jorge Rivero, quien debe derrotar a una poderosa bruja que amenaza con sumergir al mundo en la oscuridad, interpretada por Sabrina Siani. La película se mueve entre la acción de espada y brujería, pero no deja de impregnarse con los elementos visuales perturbadores y la violencia gráfica que Fulci siempre ha sabido manejar.
A ver, aquí hay opiniones para muchos gustos. Para mí, tiene ese encanto caótico y absurdo del cine italiano de fantasía de los 80, al que añade ciertos elementos de terror, lo que se convierte en una experiencia curiosa, quizás no para todo el mundo, pero ideal para quienes disfrutan del cine de culto y las producciones imperfectas pero con personalidad. Y la inapropiada banda sonora, los lamentables efectos especiales o los monstruos mal hechos son parte de ese atractivo. Pero también entiendo quien la sitúa entre lo peor del género.
Otra curiosidad italiana es Thor el conquistador, dirigida por Tonino Ricci, que firma como Anthony Richmond. Es una película de espada y brujería que se inspira muy libremente en la mitología nórdica y las historias heroicas clásicas.
Bruno Minniti interpreta al protagonista Thor, ofreciendo una actuación que cumple con los requisitos del antihéroe clásico de espada y brujería, pero sin mucha profundidad o emoción. El actor firma como Conrad Nichols esta película y señala que al principio los productores le rechazaron por tener un nombre demasiado italiano. Determinado a tenerlo en el proyecto, Ricci se inventó el seudónimo de Conrad Nichols y le presentó con la misma foto pero el nombre cambiado. Los productores, sin saber quién era realmente, aceptaron y así Minniti se convirtió en uno de los héroes más reconocibles del cine italiano de Espada y Brujería de los años 80.
La trama, altamente predecible, se centra en Thor, que emprende una misión para vengar la muerte de sus padres, mientras se enfrenta a monstruos y otros peligros típicos de un mundo ficticio de fantasía. Aunque no se puede negar que la película tiene algunos momentos que pueden atraer a los fanáticos más dedicados del género, la falta de una narrativa más sólida y personajes más desarrollados provoca que se pierda el interés a medida que avanza.
Pero el verdadero problema de Thor el conquistador es que adolece de todos los problemas de las historias de mala calidad del género que expusimos en nuestro post sobre espada y brujería. Especialmente el de un trato a la mujer que podría decirse que roza la misoginia, por ejemplo cuando se enfrenta a un grupo de tres amazonas y acaba con dos y rapta a la tercera, que desarrolla rápidamente una conducta sumisa, convirtiéndose en la pareja de Thor.
Que sí, que hay que contextualizar no sólo en la época, sino en la narrativa, que se centra en la prehistoria. Pero, no sé, en realidad no parece muy necesario para explicar ni el egoísmo del personaje ni la brutalidad de la época, que quedan bien claras en otras partes de la cinta.
En fin, es una producción que podría llegar a medio disfrutar un público muy específico, pero que, en general, se pierde entre otras muchas películas.
Corazones y armaduras (Hearts and Armours o I Paladini: Storia d’armi e d’amori) es una película de aventuras italiana de 1983 dirigida por Giacomo Battiato, que toma inspiración de las historias de los paladines, especialmente del poema épico Orlando Furioso de Ludovico Ariosto.
La trama se desarrolla en un mundo medieval de caballeros, con un enfoque en las luchas por el amor y la honorabilidad. Esto se traduce en algo superficial y predecible, que no consigue capturar la majestuosidad de las historias originales. Los personajes parecen estar más allá de sus contextos históricos o mitológicos, limitándose a crear momentos visualmente impactantes pero poco profundos.
Las localizaciones, los escenarios y los trajes son, sin duda, los puntos fuertes de la película, con una producción claramente centrada en la estética.
El trono de fuego, dirigida por Franco Prosperi y protagonizada por Sabrina Siani y Pietro Torrisi, destaca por tener a una heroína en el centro de la historia, algo inusual en las producciones de la época. Rodada en Bracciano y en los estudios de Roma, el filme aprovecha sus localizaciones, pero parte del metraje recicla escenas de otras películas, como por ejemplo de Gunan, de la que hablamos antes, lo que evidencia sus limitaciones presupuestarias.
Si bien la trama gira en torno a profecías, luchas por el poder y combates contra fuerzas malignas, el desarrollo del filme es irregular. Con todo y aunque no ofrece grandes innovaciones, posee cierto atractivo visual y ese aire nostálgico que podría atraer a los aficionados completistas del género.
La guerra del hierro, estrenada como Ironmaster, fue dirigida por Umberto Lenzi y es otra curiosa mezcla de cine prehistórico y aventuras de espada y brujería que intenta imaginar el momento en que el hombre descubre el hierro y las implicaciones que este hallazgo podría haber tenido. La película se desarrolla en un entorno natural imponente, y a pesar de sus limitaciones, Lenzi logra transmitir una atmósfera ruda y primitiva que encaja bien con el tono del relato. Aunque la historia es predecible y sigue los arquetipos clásicos del género tiene su encanto.
Para terminar con las italianas, una a medio cambio entre lo que se conocía como péplum y la espada y brujería, llamada los siete gladiadores, con Lou Ferrigno. Dirigida por Bruno Mattei y Claudio Fragasso, es una especia de remake de Los Siete Samurais o de Los Siete magníficos, pero con gladiadores.
También cabe destacar de este año dos producciones que son, al menos en parte, españolas: Hundra y Tunka, el guerrero.
Respecto a Hundra, dirigida por Matt Cimber, es producción española, italiana y estadounidense. Pone a una mujer como protagonista, aunque la historia es realmente extraña, la verdad. Básicamente, Laurene Landon interpreta a Hundra, una amazona indomable que, tras la masacre de su tribu, se embarca en una misión para mantener el legado de su tribu y quizá vengarles. Pero principalmente mantener el legado, encontrando una pareja y procreando.
Landon sostiene el peso de la película con una presencia imponente y logra darle a Hundra la mezcla adecuada de fuerza y vulnerabilidad. Su interpretación es convincente dentro de los límites del guion, que a menudo cae en lugares comunes del género. La dirección de Cimber es funcional, pero el ritmo es irregular y algunos diálogos forzados impiden que la película alcance ningún tipo de épica.
A pesar de sus limitaciones, Hundra tiene un atractivo particular para los aficionados al cine de fantasía de bajo presupuesto, especialmente los españoles. Su enfoque visual, con locaciones naturales y un vestuario llamativo, ayuda a compensar la falta de recursos técnicos. Y, bueno, la banda sonora, a cargo de Ennio Morricone, eleva algunas escenas y añade un aire de grandeza a la producción. De hecho, Morricone utilizará algunas cosas de aquí para su banda sonora de la película de Red Sonja, estrenada en España como el guerrero rojo y de la que ya hablaremos en el próximo post.
Por otro lado, Tunka, el guerrero, es una especie de mezcla entre Conan y Mad Max. Tras un accidente nuclear los hombres y las mujeres se han convertido en enemigos y Tunka intenta cambiarlo. Una curiosa historia de Joaquín Gómez Sainz, que firma como Dan Barry. Esta película de todas formas no es realmente del 83, porque aunque fue terminada este año no vio la luz hasta 3 años después, en 1986. Una curiosidad sin más, que pasa sin pena ni gloria entre las películas del género.
Finalmente, de nuevo, no sería justo terminar sin nombrar películas como la japonesa la leyenda de los 8 samurais, que narra las aventuras de la princesa Shizu, que emprende un viaje en busca de unos guerreros míticos para vengar a su familia de la malvada mujer-demonio Tamazusa, o la hongkonesa Zu: Los Guerreros de la Montaña Mágica, donde un joven emprende una peligrosa búsqueda de dos espadas que, al unirse, forman el único arma capaz de destruir a los monstruos que dominan la tierra, o la húngara El hijo de la Yegua Blanca, de Marcell Jankovics, una curiosidad de animación llena de criaturas mágicas y héroes, inspirada en el cuento popular del mismo nombre.
Y aunque no estemos hablando de series ni de videojuegos, no debemos olvidar que este fue el año en el que se estrena la serie de Dragones y Mazmorras y se presenta el videojuego Dragon´s Lair. Aunque yo los descubrí unos años después ¡Qué recuerdos!
Fin
Y esto es todo por hoy. Volvemos pronto con la segunda parte de este post, donde retomamos con todas las películas del género desde 1984.
Hoy hemos hablado de estas películas:
El Retorno del Rey 1980
La Espada Invencible (Hawk The Slayer) 1980
Black Angel 1980
Excalibur 1981
Guerra de Titanes 1981
El Dragón del lago de Fuego (Dragonslayer) 1981
El arquero de Fuego (The Archer) 1981
Heavy Metal 1981
Conan el Bárbaro 1982
El señor de las bestias 1982
Cromwell, el Rey de los Bárbaros 1982
Los Bárbaros (Sorceress) 1982
El cristal oscuro 1982
El vuelo de los dragones 1982
El Último Unicornio 1982
El umbral del juego 1982
Ator El Poderoso (Ator, the Fighting Eagle) 1982
Gunan el guerrero 1982
La Espada Salvaje de Krotar (Krotar: The Sword of the Barbarians) 1982
Atila, azote de Dios 1982
Hero 1982
El tercer príncipe 1982
Sangkuriang : La Ira del Guerrero 1982
The Miracle Fighters 1982
The Fairy and the Devil 1982
Krull 1983
Tygra, hielo y fuego 1983
El último guerrero (Deathstalker) 1983
Prisioneros del Mundo Perdido 1983
Hércules 1983
Yor, el cazador que vino del futuro 1983
La conquista de la tierra perdida (Conquest) 1983
Thor el conquistador 1983
Corazones y armaduras (I Paladini: Storia d’armi e d’amori) 1983
El trono de fuego 1983
La guerra del hierro (Ironmaster) 1983
Los siete gladiadores 1983
Hundra 1983
Tunka, el guerrero 1983
La leyenda de los 8 samurais 1983
Zu : Los Guerreros de la Montaña Mágica 1983
El hijo de la Yegua Blanca 1983
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