DIOSES ESTIGIOS en CONAN – Dioses, Religiones y Ritos de la ERA HIBORIA (Parte 2/3)
Cuando pensamos en los dioses de Conan, solemos pensar en Crom o en Mitra. En el bárbaro que no reza a un dios que no ayuda o en el ciudadano de una Aquilonia sofisticada con una religión compleja y ritual. La religión es identidad.
Pero esa es solo una parte. En la Era Hiboria hay otros tipos de religiones, que se esconden en tumbas, en reliquias, en templos corruptos y objetos antiguos que nadie debería tocar.
Howard usa todos esos dioses para hacer que el mundo de Conan parezca más viejo, más extraño y más peligroso que sus propios protagonistas.
Por eso hoy, en Fronteras de Fantasia, seguimos hablamos de Dioses, Religiones y Ritos en la Era Hiboria.
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Vamos, Conan, algunos dioses son poderosos para dañar, otros para ayudar; al menos eso dicen sus sacerdotes.
Introducción
En la primera parte de esta serie de vídeos hablamos de la religión en Conan como cultura e identidad. Crom nos llevaba a la dureza fatalista de Cimmeria; Ymir al hielo guerrero del norte; Jhebbal Sag a la memoria animal de los pictos; Mitra a la religión pública y civilizada de los reinos hiborios; e Ishtar y Derketo al horizonte meridional y shemita. Es decir, vimos cómo los dioses de Howard son una forma de explicar pueblos, paisajes y maneras de entender la vida.
Pero en Conan la religión no siempre funciona así. A veces también sirve para abrir una puerta hacia algo mucho más antiguo y oscuro. Hay cultos que no parecen mirar al presente, sino a edades anteriores. En esta segunda parte nos adentramos en Stygia, los reinos negros y en los dioses orientales de la Era Hiboria. En todos estos lugares, a la dimensión política que Howard suele otorgar a las religiones, se hace evidente otra de las dimensiones que utiliza Howard: explicar las culturas. Y en este sentido, la religión en estos lugares exóticos, también realza ese exotismo.
Conviene recordar que no hablamos de espacios realistas ni mucho menos históricos, sino de construcciones pulp: templos extraños, sacerdotes inquietantes, ritos crueles, ciudades decadentes, poderes antiguos. Howard no está haciendo ni teología comparada ni reconstrucción histórica. Toma nombres, ecos y resonancias del mundo egipcio, mesopotámico, indio, bíblico o asiático, y los transforma en literatura de espada y brujería.
Por otro lado, quizá recuerdes muchos más nombres de dioses. Pero ten en cuenta que toda la escritura del mundo de Conan posterior a Howard desarrolló lo que en ocasiones eran pinceladas minimalistas del autor, y se llegó a un importante grado de explicación gracias sobre todo a materiales posteriores incluso al Cómic o las revisiones de Carter y Sprague de Camp. Por ejemplo, los juegos de mesa y de rol o los videojuegos. Pero eso es otra historia y debe ser contada en otra ocasión.
Stygia y el culto de Set
Si Mitra representa la religión civilizada de los reinos hiborios occidentales, Set es su gran contrapunto oscuro. Stygia no es simplemente otro reino con otro dios, sino una civilización entera organizada alrededor de una religión funeraria, un culto antiguo al dios serpiente. En Howard, Set aparece como la Vieja Serpiente, dios de los stygiios, asociado a tumbas, reliquias, símbolos arcanos y, sobre todo, magia oscura. Y Set no es un dios lejano: es una presencia cuyos ritos tienen consecuencias reales.
Stygia está construida como una civilización funeraria. Howard la asocia una y otra vez con tumbas guardadas por sombras, pirámides, momias. No parece sin embargo una religión de consuelo, más bien parece una religión de poder. Set domina, duerme bajo la historia, deja signos en objetos antiguos y vuelve a través de hechiceros. La magia de Set no está separada de la religión.
El nombre de Set aparece por primera vez en El Fénix en la Espada, donde Thoth-amon, el hechicero stygio, recupera el Anillo de Set y vuelve a disponer de una magia terrible, capaz de convocar horrores desde regiones exteriores a la experiencia humana.
Set también aparece como enemigo simbólico del misterio mitraico desde ese mismo relato. Conan desciende en sueños hasta la cripta de Epemitreus y Howard convierte el espacio en una guerra religiosa entre la vieja serpiente stygia y la protección espiritual de Aquilonia. Epemitreus marca la espada de Conan con el signo del Fénix, y esa marca permite destruir el horror enviado por la magia de Thoth-amon. La escena enfrenta mucho más que a Conan con un monstruo; enfrenta dos imaginarios religiosos: Mitra, Epemitreus y el Fénix contra Set, Thoth-amon y la serpiente.
En La Hora del Dragón, Stygia aparece con todavía más claridad como una civilización donde religión y poder son inseparables. Khemi, la ciudad estigia con sus sacerdotes, sus tumbas y sus serpientes sagradas muestran que Set es el centro religioso de este mundo. Los sacerdotes de Set son guardianes de una tradición que mezcla rito y magia, en un contexto de miedo y dominio político.
También en La Hora del Dragón se ve que Set no pertenece solo al folclore stygio. Xaltotun, que no es stygio sino acheronio, invoca a Set como “dios de la oscuridad” y “señor de las sombras”. Set es dios de Stygia, pero su sombra es más antigua y más amplia que Stygia.
En El dios del cuenco, el protagonismo recae sobre un objeto funerario: el cuenco procedente de Stygia, marcado por el signo de Set. El relato transcurre en el llamado Templo de Kallian Publico, que en realidad es más bien un museo o una casa de antigüedades. Es un detalle muy howardiano: la civilización colecciona objetos sagrados que no entiende, y uno de esos objetos resulta contener un horror vivo.
En ese relato se dice que el Cuenco pertenece a una época en que Set caminaba sobre la tierra con forma de hombre, y se vincula a una antigua raza de reyes enterrados en recipientes semejantes. Estamos por tanto ante una presencia física arcaica, casi histórica, vinculada a una raza antigua. En el relato de la Era Hiboria, Howard sugiere que antes de Stygia existió en el sur un reino prehumano y misterioso, conquistado por los fundadores de la Stygia histórica. Restos de esa raza anterior habrían sobrevivido e incluso sido adorados. A la luz del culto stygio de Set, del simbolismo serpentino y de relatos como El dios del cuenco, esa civilización anterior puede leerse razonablemente como parte del trasfondo de hombre serpiente de Stygia, aunque el ensayo no la nombre literalmente así.
Así, Los Reyes Gigantes o Monstruosos mencionados en los relatos, son esenciales para entender el trasfondo de Stygia. Apuntan a su pasado, a razas antiguas, reyes monstruosos y formas de poder anteriores a la humanidad civilizada. Ayudan a explicar por qué la religión de Set parece siempre más vieja que los propios stygiios. Set no es solo el dios nacional de Stygia: es la señal de que bajo Stygia hay otra Stygia más antigua.
En este mismo sentido, conviene tratar con cuidado expresiones como el hijo o los hijos de Set. No son dioses independientes que debamos añadir al panteón. Es mejor entenderlo como criaturas sagradas o descendientes monstruosos del universo religioso de Set. De nuevo, Howard tan sólo sugiere lo suficiente para que el lector entienda que Set pertenece a una cadena de símbolos que desbordan lo humano.
Thoth-amon es el gran agente humano de la magia de Set. En El Fénix en la Espada, su poder depende del Anillo de Set; en El dios del cuenco, su marca aparece sobre el Bowl, y su enemistad con Kalanthes, sacerdote de Ibis, mueve la intriga oculta del relato. No está presentado como sacerdote doctrinal en sentido estricto, pero sí como hechicero stygio vinculado a Set y a la magia negra.
Aunque no sea puramente un dios stygio, es necesario mencionar a Ibis, rival religioso de Set. En El dios del cuenco, Kalanthes de Hanumar es sacerdote de Ibis y enemigo mortal de Thoth-amon. No sabemos mucho de su culto: Howard no desarrolla su doctrina, sus templos ni sus ritos. Pero su función narrativa es clarísima. Ibis es el contrapeso de Set, el polo religioso opuesto al mundo stygio.
Las analogías con el mundo real aquí son evidentes. Stygia remite a Egipto y a la antigua Libia. Pero Howard no reconstruye la religión egipcia: la transforma en una pesadilla pulp. Set está basado de forma bastante directa en Seth/Set, el dios egipcio asociado al desierto, la violencia y el caos. No hay un dios egipcio principal llamado “Ibis”. La referencia parece venir del ibis sagrado, ave asociada a Thoth, dios egipcio de la sabiduría, la escritura, la magia, la luna y el tiempo, representado muchas veces con cabeza de ibis.
La religión de los Reinos Negros
La religión de los Reinos Negros aparece en Howard mucho menos sistematizada que la de Mitra o Set. Así, no construye un panteón ordenado, sino una serie de cultos, oráculos, ídolos y nombres divinos asociados a los diferentes reinos, Keshan, Punt o Darfar. A veces son religiones de Estado; otras, simples menciones que bastan para sugerir una geografía completa, a veces son detalles que hacen pensar en religiones más bárbaras o justo en la transición de lo bárbaro a lo civilizado. Y luego, en los casos más oscuros, la religión se confunde directamente con una práctica monstruosa. Sea como sea, suelen mantener esos detalles de religiones lejanas.
Quizá la diosa más destacable de la zona, o al menos la figura religiosa más desarrollada, sea Yelaya, en Keshan. Fue primero la princesa Yelaya, última gobernante de Alkmeenon. Murió joven y fue conservada incorrupta de forma milagrosa. Con el tiempo, esa figura se convierte en diosa-oráculo: los sacerdotes acuden a Alkmeenon para consultar su voluntad, y esa supuesta voluntad tiene valor político.
Es por tanto una religión organizada, con sacerdotes y ceremonias, y una relación directa entre religión y poder político. La aparición de la diosa puede legitimar decisiones y orientar a los gobernantes. En los relatos, Conan y otros personajes intentan manipular la escenografía del oráculo, para usar la imagen de la diosa y servirse del prestigio religioso para sus fines.
El modelo en el que se fijó Howard es el oráculo antiguo, especialmente Delfos. De hecho, se podría identificar Alkmeenon con Delfos a través de los Alcmeónidas, vinculados al templo de Apolo en Delfos.
Las Joyas de Gwahlur, también llamadas Dientes de Gwahlur, son el gran tesoro sagrado de Alkmeenon/Keshan. No son una joya mágica como el Corazón del Elefante o el Corazón de Ahriman: su poder es sobre todo religioso. Son una reliquia, un tesoro nacional que Conan busca como botín.
No se menciona que Gwahlur sea un dios independiente. En el relato, el nombre queda ligado sobre todo a las Joyas, o Dientes de Gwahlur. Pero también, de algún modo, les da un origen mítico cuando se señala que fueron arrancadas por los dioses de las terribles mandíbulas de Gwahlur, “rey de la oscuridad”, en el nacimiento del mundo. Gwahlur parece así una entidad primordial o mítica.
Junto a Keshan, Howard menciona también Punt, cuyo caso es mucho más breve. La Mujer de Marfil de Punt aparece como una figura adorada por ese pueblo: más ídolo que diosa desarrollada. Ni conocemos su templo, sacerdotes, o ritos ni mucho menos su doctrina. Su función es enriquecer Punt con una religión propia, local, en tránsito de lo bárbaros a lo civilizado.
Yog, por otro lado, pertenece a un registro mucho más oscuro. Aparece en Sombras en Zamboula, aunque su vínculo no es con Zamboula sino con los darfarianos que practican el canibalismo nocturno.
Yog es muy diferente de otros seres oscuros como Set. Set tiene una civilización detrás: templos, sacerdotes, reliquias y una tradición compleja. Yog aparece de forma mucho más desnuda. Y más brutal. Como una práctica clandestina y nocturna. Su culto, si podemos llamarlo así, está descrito como una costumbre ritualizada de devoradores de hombres. No es una ventana fiable a ninguna religión real, sino una construcción de horror exótico, muy típica del pulp y en concreto, de Howard.
Hay otros cultos que no pertenecen del todo ni a Stygia, ni a los Reinos Negros, ni tampoco son del Oriente hiborio. Son los cultos de ciudades perdidas y civilizaciones agotadas. Xuthal es el ejemplo más claro: una ciudad dormida por el loto negro, sometida a Thog, un dios-monstruo que no representa una religión organizada, sino una decadencia absoluta. Aquí lo sagrado ya no explica una cultura viva: muestra una civilización que ha terminado entregándose a su propio depredador.
También está Xuchotl, la ciudad perdida de Clavos rojos, dividida entre Tecuhltli y Xotalanc. Allí tampoco encontramos una religión estatal clara, sino una civilización cerrada donde dioses dragón y Tascela, bruja inmortal y figura casi vampírica, domina mediante miedo. En Xuchotl lo religioso no aparece como culto ordenado, sino vinculado a lo mágico.
Los Reinos Orientales
Los Reinos Orientales de Howard no forman una unidad religiosa cerrada, sino que encontramos aquí también una gran variedad de cultos, muchos de ellos de nuevo con nombres apenas entrevistos. Vendhya, Turan, Hyrkania, Kosala o Khitai, en general los reinos orientales, comparten la misma función dentro del mundo de Conan: desplazar la religión hacia lo exótico, lo cortesano, lo secreto y lo mágico.
Si Mitra representaba el orden público de los reinos hiborios occidentales, Oriente es territorio de cultos complejos y sofisticados.
El dios oriental más importante en este bloque es Asura. Aparece asociado sobre todo a Vendhya, un reino que Howard construye con ecos de la India antigua, y también aparece más tarde como culto presente en Aquilonia.
Asura no es por lo tanto un dios local, encerrado en su región de origen, sino una religión consolidada, con estructuras capaces de desplazar el rito miles de kilómetros hacia Occidente, donde se convierten en una minoría sospechosa, pero activa y con lazos con el poder.
La moralidad de Asura es una de las más interesantes de la Era Hiboria porque Howard juega con la sospecha. Desde fuera, el culto parece opaco, aunque eso no significa que sea maligno. De hecho, frente a cultos abiertamente depredadores como el de Set, o frente a la magia de dominación del Círculo Negro, Asura representa una religión no corrupta. Su función moral está más cerca de la defensa del alma, con diferentes ritos funerarios, y la búsqueda de la verdad oculta.
Los sacerdotes de Asura no aparecen como una jerarquía visible, al menos en Aquilonia, sino como una red discreta de iniciados, guardianes de secretos y conocedores de realidades que la mayoría de la gente no entiende. Howard no atribuye al culto de Asura una magia propia desarrollada, pero tampoco son simples oficiantes religiosos. Su fuerza está en el conocimiento y en su capacidad para moverse en los márgenes del poder. En Aquilonia, esa condición secreta los convierte en una fuerza subterránea capaz de ayudar a Conan cuando la política oficial no basta.
En el mundo indoiranio, los asuras son seres divinos o semidivinos, y en el hinduismo el término acabará asociado muchas veces a potencias enfrentadas a los devas. Pero lo que le interesa a Howard no es la precisión histórica, sino el efecto narrativo: Asura suena a Oriente antiguo, a doctrina reservada y a una espiritualidad lo bastante fuerte como para sobrevivir incluso en Aquilonia.
Yizil, otro de los dioses mencionados, es menos importante. Aparece en Vedhya como una maldición o exclamación. No tenemos templo, ni sacerdotes, ni rito, ni doctrina. Su función es puramente ambiental, una forma de recordar que ese mundo posee sus propios juramentos y sus propias referencias sagradas.
Yajur nos cambia de reino hacia Kosala y de rito, hacia cultos más violentos. Aparece nombrado cinco veces seguidas en la misma página de un sólo relato, Sombras en Zamboula, ligado a Yota-pong y a los estranguladores, en especial a Baal-Pteor, que no es un dios sino un ejecutor humano. Aquí la religión se percibe a través de una práctica: la estrangulación sagrada. Yajur no está desarrollado con una teología amplia, pero su función narrativa es muy clara: representa una religión oriental asociada a muerte ritual, disciplina física y asesinato sacralizado.
El nombre nos lleva hacia los Vedas, uno de los textos sagrados del hinduismo, el Yajurveda. Pero lógicamente pasado por un filtro pulp.
A Hanuman, en el mismo relato, se le concede más presencia narrativa. En Sombras en Zamboula, posee templo propio, mediado por Totrasmek, su sacerdote. Aquí estamos ante una religión urbana con espacio sagrado, autoridad sacerdotal y probablemente función social. Eso sí, Howard la presenta de forma turbia: el templo de Hanuman no es un lugar de consuelo, sino más bien un centro de manipulación a través de Totrasmek, que no aparece como un sacerdote piadoso. Es un operador de poder religioso: usa el miedo, la teatralidad, la magia o los trucos sobrenaturales para controlar la ciudad y sacar provecho de su posición.
El culto de Hanuman muestra de nuevo una idea central en Howard, el templo puede ser un lugar religioso, pero también la sede de una institución política o criminal, o ambas. En Zamboula, la religión urbana convive con esclavitud, corrupción, depredación nocturna y canibalismo tolerado o encubierto. La ciudad parece civilizada, pero bajo esa superficie hay sacerdotes corruptos, pactos de silencio y una religión usada como máscara de poder.
En cuanto a la analogía con el mundo real, Hanuman procede del dios mono del hinduismo, aunque Howard lo transforma en una divinidad de templo oscuro, muy lejos de su sentido devocional real.
Erlik es otro de esos dioses que aparece de forma mucho más breve, una única mención asociada al mundo turanio. Su valor está en la resonancia: Erlik remite a un horizonte turco-mongol, estepario. Es el dios de la muerte y el inframundo en la mitología turca y mongola, antítesis de divinidades como Tengri o Ülgen.
Tarim también pertenece a ese mundo turanio, aunque su función es más política. No conocemos con detalle su culto ni sus ritos, pero sabemos que existen porque se mencionan. Además, se sugiere del texto que es una religión que acompaña al poder imperial turanio.
Yun es todavía más tenue. Aparece en La Torre del Elefante con referencia mínima, vinculada al mundo remoto de Khitai y al imaginario de los sacerdotes de Yun. No sabemos si Yun es un dios, una tradición religiosa, un nombre sagrado o una etiqueta sacerdotal, los sacerdotes de Yun. Lo importante es el efecto: introduce una profundidad oriental anterior incluso a la trama zamoria. Yun forma parte de ese fondo de nombres que sugieren que, más allá de los reinos conocidos por Conan, existen religiones más antiguas, más extrañas y menos accesibles para el lector occidental.
Yag-Kosha, o Yogah de Yag, pertenece a un plano quizá más extraño. Aparece en La Torre del Elefante, pero no es un dios sino una entidad cósmica, procedente del planeta Yag, torturada durante siglos por Yara y vinculada al Corazón del Elefante. Su apariencia podría hacerlo parecer monstruoso, pero Howard invierte la expectativa: Yag-Kosha no es el horror del relato, sino la víctima. El verdadero monstruo es Yara, el sacerdote humano que lo ha esclavizado, mutilado y usado como fuente de poder.
Los dioses que Yag menciona como propios pertenecen a esa misma dimensión, no forman un culto dentro de la Era Hiboria. De nuevo, Howard utiliza la religión para abrir la aventura hacia lo pulp y lo extraño.
En cuanto al dios-araña de Yezud, ofrece una imagen oriental, que será muy usada en el desarrollo posterior del mundo de Conan más allá de Howard. En El pueblo del Círculo Negro se menciona el culto de Yezud, donde muchachas de templo danzan ante una araña negra de piedra. No sabemos demasiado más: no hay doctrina, no hay sacerdocio desarrollado ni una escena ritual larga. Pero la imagen es suficiente evocadora. Frente a Asura, que representa una religión cortesana y civilizada, Yezud introduce una religiosidad más cercana al fetiche, al ídolo y al culto de una criatura.
Conclusión: Juramentos, los dioses en la boca
En esta segunda parte hemos visto con más claridad que la religión en Conan sirve para definir culturas y también para dar profundidad a su mundo. Los dioses, los cultos y los nombres sagrados funcionan como señales de que la Era Hiboria no empieza con Conan ni se agota en sus aventuras. Bajo cada reino hay capas anteriores que nadie entiende del todo.
Esa una de las claves de Howard: muchas veces no necesita explicar demasiado. Le basta una palabra, un juramento, un nombre divino o una referencia suelta para que parezca existir una religión entera detrás.
Los nombres divinos circulan por la era hiboria principalmente como juramentos, exclamaciones o como marcas culturales. “Por Crom”, “Por Mitra”, “Por Ishtar”, “Por Set”, Ymir, Bel, Yun… La religión está en la boca de los personajes.
Los juramentos muestran que la Era Hiboria está religiosamente impregnada. Nos necesitas entrar en los templos para que los dioses estén presentes. Están en la identidad cultural. Es cierto, esto no autoriza a levantar una teología donde solo hay una exclamación. Pero demuestra la genialidad de Howard, como una simple pincelada, una palabra en la boca de un personaje secundario, desarrolla una religión o una cultura completa.
En fin, por ahora, ya hemos visto los principales dioses y religiones de la Era Hiboria. Así que en el próximo episodio de estos vídeos, el tercero y último de esta serie, nos centramos en hechiceros, sacerdotes, templos y reliquias sagradas.
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