La CIENCIA FICCIÓN y sus subgéneros EXPLICADOS
La ciencia ficción es fácil de reconocer… hasta que intentas clasificarla.
Sí, naves espaciales, robots, viajes en el tiempo, futuros extraños. Pero en cuanto rascas un poco, el género se vuelve escurridizo. Porque Star Wars no se parece a Gattaca, ni Blade Runner a La guerra de los mundos, pero todas entren, de un modo u otro, bajo la misma gran etiqueta.
Eso es lo interesante. La ciencia ficción no es un catálogo de cacharros futuristas. Puede ser épica, filosófica, política, íntima, terrorífica o incluso cómica. Es una forma de mirar la realidad desde la distancia, de deformarla un poco para entenderla mejor.
Y ordenar todo sirve para entender mejor por qué un mismo género puede contener mundos tan distintos.
Por eso hoy, en Fronteras de Fantasia, hablamos de los subgéneros de la ciencia ficción
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Vamos, Isaac, No tengo miedo a las computadoras. A lo que tengo miedo es a la falta de ellas.
Introducción
Lo dije en el vídeo sobre los subgéneros de la fantasía: poner etiquetas es un ejercicio bastante artificial. Las historias se mezclan, se contaminan, se escapan de la caja en cuanto uno intenta cerrarlas demasiado.
Además, las etiquetas funcionan a veces más como herramientas de marketing que como una auténtica clasificación literaria.
Pero hay reconocer que tienen su utilidad. Sirven para tener una primera intuición sobre el tipo de historia que vamos a encontrar o para descubrir obras y autores cercanos a nuestros gustos. Pueden ser un buen mapa, aunque sea un mapa imperfecto.
Por eso, como ya hice con los subgéneros de la fantasía, me he animado a tratar de catalogar los subgéneros de la ciencia ficción. El problema ahora es que, si en fantasía las fronteras ya eran difusas, en ciencia ficción lo son más.
La ciencia ficción ocupa un lugar muy singular dentro de la ficción especulativa, un término que abarca una amplia variedad de subgéneros como la propia ciencia ficción, la fantasía, las utopías y las distopías, las ucronías, algún tipo de terror, algunos añaden aquí el realismo mágico…
La diferencia más evidente entre ciencia ficción y sus compañeros de ficción especulativa es la naturaleza de sus premisas. La ciencia ficción se basa principalmente en extrapolaciones futuras, científicas o tecnológicas, mientras que la fantasía, tiene la magia y los mundos mágicos como algo central en la historia y existen sin necesidad de justificación; las distopías y utopías exploran sistemas sociales hipotéticos; las ucronías exploran posibilidades condicionales y el realismo mágico integra lo sobrenatural en la realidad cotidiana de forma sutil y no central a la historia.
Dicho esto, no conviene fingir una precisión que no existe. Esto no se mide con escuadra y cartabón, sino a palmos. Hay obras que son varias cosas a la vez. La Guerra de las Galaxias, por ejemplo, vive entre la ciencia ficción, la ciencia fantástica, la space opera y la fantasía heroica. O John Carter de Marte, entre la Espada y Brujería, la Espada y Planeta y la ciencia fantástica.
Pero bueno, dentro de esta niebla vamos a intentar ser de nuevo estructurados. Y, como ya hice con la fantasía, voy a proponer una clasificación propia, que es la que a mí me parece coherente, útil y lo bastante flexible como para no romperse con la primera excepción.
Los subgéneros de la ciencia ficción
Disclaimer: esta clasificación es sólo mía. No soy crítico literario ni teórico del género, ya lo sabéis. Son las categorías que yo mismo tengo en la cabeza y las que a mí me resultan más útiles cuando pienso en ciencia ficción. Las comparto porque quizá te ayuden a ordenar lecturas, a descubrir obras o a entender mejor por qué dos historias con naves espaciales pueden no parecerse en nada. Pero no tienes por qué estar de acuerdo, y es lógico que falten cosas o que algunas te parezcan discutibles. Al final, no quiero tener razón, sino ser coherente con el criterio que uso.
Dicho eso, mi propuesta se organiza en tres grandes bloques: primero, la relación de cada obra con la ciencia y la plausibilidad, que sería equivalente a la clasificación según los mundos de la fantasía; segundo, el tipo de mundo, sociedad o escala de la ambientación, que sería el equivalente al tono y estructura de la historia en la clasificación de fantasía; y tercero, el enfoque narrativo dominante, el enfoque temático. Y, si quisiéramos afinar todavía más, podríamos añadir un cuarto grupo dedicado a movimientos y estilos literarios. Pero eso lo dejaremos para el final, como matiz y no como columna principal.
De nuevo, mantengo la idea de que una misma obra podría pertenecer a la vez a diferentes subgéneros dentro de cada bloque. Cada bloque separa subgéneros por una característica concreta. Esto es, una misma obra podría ser ciencia fantástica de acuerdo a su relación con la ciencia; ciencia ficción planetaria de acuerdo a su escala de ambientación y ciencia ficción romántica de acuerdo a su estructura narrativa.
1. Según su relación con la ciencia y la plausibilidad
Este primer bloque depende del grado de exigencia científica de la obra, es decir, de cuánto depende la historia de una plausibilidad científica estricta y cuánto puede doblarse esa plausibilidad para servir a la narración. No es un distinción de calidad, sino de plausibilidad.
En el grado más bajo tenemos a la Ciencia fantástica. Es el extremo más libre de este eje. Aquí encontramos obras que usan iconografía científica o tecnológica —naves espaciales, planetas lejanos, imperios galácticos, armas futuristas—, pero no se preocupan demasiado por justificar científicamente sus premisas. Es ciencia ficción en superficie y, a veces, en estructura, pero con una libertad que la acerca mucho a la fantasía.
El ejemplo más representativo es Star Wars.
El segundo grado sería la ciencia ficción blanda. Aquí hay ciencia pero fuera del centro del relato. La especulación importa, pero es circunstancial. La explicación técnica puede ser ligera, parcial o incluso casi irrelevante. Una obra representativa sería La mano izquierda de la oscuridad, de Ursula K. Le Guin, donde lo relevante es la meditación profunda sobre la identidad y la forma en que percibimos al otro.
A partir de ahora, la ciencia de la ciencia ficción comienza a endurecerse, pero entre la blanda y la dura hay una franja amplísima que muchas veces queda sin nombre. A mí me interesa conservarla porque en ella vive gran parte de la ciencia ficción. Sería ciencia ficción intermedia: obras que quieren ser verosímiles y que no tratan la ciencia sólo como decorado, pero que tampoco convierten cada página en una demostración de ingeniería. El ejemplo más claro y popular sería Gattaca, porque su tecnología resulta creíble, pero el centro del relato es moral y social.
El siguiente grado es ya la ciencia ficción dura, que intenta que sus premisas se sostengan con la mayor disciplina posible. La obra suele apoyarse en física, astronomía, biología, ingeniería o matemáticas y se toma pocas concesiones o licencias. El Marciano, de Andy Weir, podría ser un ejemplo, porque todo en la historia depende de problemas concretos, cálculos, procedimientos, recursos y restricciones reales. La aventura existe, pero nace de la ciencia.
Finalmente, el grado más elevado de dureza sería la ficción científica, el extremo máximo del rigor. La historia se convierte en una prolongación narrativa de una hipótesis científica de alta exigencia. Prácticamente rozaría la divulgación.
Si hubiera que elegir un ejemplo muy representativo, pensaría en Greg Egan y obras como Diaspora, donde la ciencia es llevada a un extremo de abstracción y rigor que casi redefine la propia forma de la narración. También quizá entraría aquí, en esta dimensión de dureza, Los terranautas de T.C. Boyle, novela basada en el desastre que supuso el experimento de Biosfera 2, un tema que siempre me ha atraído mucho. Pero eso es otra historia y debe ser contada en otra ocasión.
2. Según el tipo de mundo, sociedad o escala de la ambientación
Aquí dejamos de medir la dureza científica y pasamos a otra pregunta: qué clase de realidad imagina la obra. Este bloque se puede dividir en tres grupos: estéticas y cronologías alternativas, modelos de sociedad y escalas espaciales, cada uno con sus subgrupos.
A. Estéticas y cronologías alternativas
Empezaría por las ucronías, aunque no pertenecen de forma exclusiva a la ciencia ficción. De hecho, serían más bien grandes formas de la ficción especulativa, al nivel de la fantasía o la ciencia ficción. Pero como la ciencia ficción las ha incorporado con tanta frecuencia, resulta difícil no incluirlas de algún modo. Por eso están aquí como parte de una dimensión, del enfoque de la ciencia ficción. Pero, insisto, es clave tener en cuenta que merecen un género por sí mismas.
La ucronía imagina un desvío de la historia real. Parte de una pregunta del tipo “¿qué habría pasado si…?”, de un What IF, y desarrolla un mundo alternativo a partir de ese punto de divergencia. El ejemplo más conocido es El hombre en el castillo, de Philip K. Dick, porque convirtió la victoria del Eje en una de las grandes pesadillas especulativas del siglo XX.
Entramos ahora en el terreno de los punks. Así, tenemos el steampunk, que reimagina la modernidad desde el vapor, la relojería, los dirigibles, la era victoriana y una tecnología desplazada hacia la mecánica visible. Un ejemplo muy reconocible es La liga de los hombres extraordinarios.
Fíjate que también usé este subgénero en la fantasía, en la dimensión del mundo donde se desarrolla la historia. Es por tanto, un lugar donde vemos lo sutil que es diferenciar entre una cosa y otra.
Poniéndonos muy finos, podríamos añadir también Diéselpunk, que traslada ese retrofuturismo a la era de la gasolina, quizá con Capitán Sky y el mundo del mañana, como la obra que primero me viene a la cabeza. También el Atompunk, que nace de la moda nuclear de mitad del siglo XX, con Fallout, como obra representativa. También diría el Silkpunk, acuñado por Ken Liu, que desplaza el centro del retrofuturismo hacia imaginarios inspirados en la antigüedad y el mundo premoderno de Asia oriental.
Y finalmente, al menos nombrar otras variantes más específicas —clockpunk, stonepunk, sandalpunk y demás— que no siempre merecen una categoría mayor en un mapa general, pero que forman parte de la misma lógica: reimaginar una época pasada mediante una tecnología divergente.
B. Modelos de sociedad
En primer lugar, como hicimos antes, empezaría por subgéneros que merecen categoría propia al lado de la ciencia ficción en el Olimpo de la ficción especulativa. Las usamos aquí como posibilidades en una dimensión porque muchas veces van unidos a la ciencia ficción en este sentido.
Hablamos de las utopías y de las distopías. La utopía imagina una sociedad ideal o aparentemente ideal. A veces lo hace con convicción; otras, con sospecha. El ejemplo más representativo, por complejidad y ambición, es Los desposeídos, aunque es cierto que uno de los principales temas es la ambigüedad del término “utopía”.
La distopía imagina una sociedad degradada, opresiva o deshumanizada. Y suele utiliza ese infierno para leer críticamente el presente. El ejemplo canónico sigue siendo 1984.
Por otro lado, tenemos la ciencia ficción de proximidad, que se sitúa a pocos pasos de nuestro presente. Le basta con desviar ligeramente una tendencia ya visible para inquietarnos con su plausibilidad. El ejemplo más evidente hoy sería Black Mirror.
La ciencia ficción apocalíptica se centra en la caída del mundo: el meteorito que llega, la pandemia que estalla, la invasión que desborda, la máquina que se rebela. Deep Impact, No mires arribao Armageddon, son buenos ejemplos. Por otro lado, la ciencia ficción postapocalíptica se ocupa del mundo que queda tras el colapso. El ejemplo más popular y potente es Mad Max.
Y de nuevo entramos en los punks. El cyberpunk imagina futuros de alta tecnología y baja vida: corporaciones gigantescas, decadencia urbana, redes, prótesis, tráfico de datos, subjetividades rotas. La obra fundacional es Neuromante, de William Gibson, porque prácticamente definió el subgénero. Tenemos un vídeo dedicado completamente a este género. Aparecerá por algún lado de la pantalla, o si no, en la descripción.
De nuevo, poniéndonos finos tendríamos el post-cyberpunk que hereda muchas intuiciones del cyberpunk. Lo que ocurre es que el cyberpunk suele mostrar mundos distópicos y el poscyberpunk se centra en personajes comprometidos con sus sociedades y con una visión más integradora de la tecnología. Me viene a la cabeza, quizá, la era del diamante, de Neal Stephenson.
El biopunk hace de la biotecnología, la manipulación genética y el cuerpo intervenido el núcleo del mundo social. Orphan Black podría ser un ejemplo reconocible.
El nanopunk desplaza esa obsesión hacia la nanotecnología y la manipulación de la materia a escala microscópica. Un ejemplo bastante representativo es Prey, de Michael Crichton.
Finalmente, el solarpunk propone futuros ecológicos, cooperativos y tecnológicamente sostenibles. El ejemplo más accesible y representativo es Monje y robot, de Becky Chambers, por la serenidad con que imagina un futuro técnico no cínico.
C. Escala espacial
La ciencia ficción planetaria sitúa el peso del relato en un planeta concreto entendido como entorno total. El mundo no es el escenario; es el protagonista. El ejemplo más representativo es Solaris, porque ahí el planeta se padece.
La espada y planeta o romance planetario, mezcla aventura heroica, exotismo alienígena y una tecnología que a menudo funciona más como decorado que como sistema riguroso. Es una prima lejana tanto de la fantasía heroica como de la space opera. El ejemplo fundador y más reconocible es Una princesa de Marte, de Edgar Rice Burroughs. Tenemos vídeo también sobre este subgénero.
La space opera es la gran épica espacial: imperios, flotas, héroes, guerras, traiciones, escalas inmensas. No basta con que haya naves; tiene que haber grandeza, amplitud, aventura desatada.
El ejemplo más universal y reconocible es Star Trek, que convirtió la exploración, la diplomacia, el conflicto y la aventura espacial en una de las grandes mitologías modernas del género. Pero también podríamos hablar de Hyperion, de Dan Simmons o de La Fundación, de Asimov. Este subgénero es de mis favoritos. La demostración es que también tenemos vídeo, sobre el subgénero, sobre Star Trek, sobre Dan Simmons y sobre La Fundación . No te los pierdas.
Finalmente, el space western, traslada al espacio los motivos del western. El ejemplo más claro y querido sigue siendo Firefly. Pero podríamos mencionar también Bravestar.
3. Según el enfoque narrativo
La gran pregunta que define este tercer bloque es cuál es el gran motor narrativo de la obra.
Así, tenemos la ciencia ficción de primer contacto, que explora el encuentro con una inteligencia no humana. Un ejemplo representativo y conocido es la genial La llegada, que convierte el contacto extraterrestre en una cuestión de lenguaje y de tiempo.
Tenemos también la Ciencia ficción de invasión extraterrestre. Aquí el otro quiere irrumpir, ocupar, destruir o someter. El foco está en la amenaza. El ejemplo fundacional sigue siendo La guerra de los mundos, pero hay muchos más. Es otro subgénero que me encanta y del que hay vídeo.
La ciencia ficción temporal y multiversal convierte el tiempo o las realidades paralelas en el centro del relato. El ejemplo más universal es Regreso al futuro, en la ciencia ficción blanda, casi fantástica. Si queremos algo de ciencia ficción dura, tenemos Primer.
Ciencia ficción de IA y robots. Aquí la gran pregunta es qué cuenta como mente, conciencia, voluntad o persona cuando la inteligencia deja de ser exclusivamente humana. El ejemplo más representativo es Blade Runner, porque casi todo lo que importa en la película nace de esa duda.
En cuanto a la ciencia ficción de inmersión mental o realidad virtual, se ocupa de mundos simulados, matrices, redes inmersivas, entornos digitales donde la conciencia entra, se pierde o se reconfigura. Identidad disuelta en el espacio virtual. El ejemplo más conocido es The Matrix, por razones obvias, pero podríamos señalar también Ready Player One.
La ciencia ficción transhumanista, por su parte, explora la mejora, expansión o transformación de lo humano mediante tecnología, biología o transferencia mental. El ejemplo más claro y reconocible es Ghost in the Shell.
Respecto a la Ciencia ficción militar, el relato se organiza alrededor de la guerra, la cadena de mando, la disciplina, la estrategia y el combate, ya sea para glorificarlos, criticarlos o ambas cosas a la vez. El ejemplo clásico por excelencia es Starship Troopers.
En la Ciencia ficción de colonización espacial, la colonización espacial se ocupa de poblar, adaptar o disputar nuevos mundos. El ejemplo más fuerte podría ser la genial Marte rojo, de Kim Stanley Robinson.
En la ciencia ficción de generaciones / arca interestelar, lo importante es la nave, la travesía prolongada, la comunidad cerrada que vive generaciones enteras hacia un destino que ya casi nadie comprende. No es colonización, sino sociedad en tránsito. Titan A.E. entraría aquí.
La ecociencia ficción sitúa en el centro la crisis climática. Puede ser desesperada o esperanzada, crítica o defensora, pero siempre toma el tema del cambio climático. Solar, de Ian McEwan podría ser un buen ejemplo.
Ciencia ficción sociológica o antropológica se centra en el estudio de costumbres, parentesco, instituciones, religión, economía, cultura, lenguaje, género. El ejemplo más útil y conocido para este apartado es Dune, porque detrás de su iconografía épica late un gigantesco estudio sociológico, y también de ecología, religión, linaje y poder.
En territorio parecido está la Ciencia ficción metafísica o filosófica, donde la especulación conduce hacia preguntas de fondo sobre realidad, identidad, conciencia, libertad o trascendencia. El ejemplo más representativo y ampliamente conocido es 2001: Una odisea del espacio.
La ciencia ficción de último hombre centrada en personajes que quedan aislados frente a un mundo —o un cosmos— que ya no ofrece comunidad, amparo ni continuidad humana visible. Puede ser soledad en el espacio, estar aislado de algún modo, o ser el último ser humano sobre la Tierra, o habitar un mundo en el que la humanidad ha desaparecido casi por completo. Lo que importa aquí es la experiencia de la soledad radical. A veces se cruza con la ciencia ficción postapocalíptica o el horror. Gravity es un gran ejemplo de esto.
La Ciencia ficción de exploración pone el acento en descubrir lo desconocido: mundos, artefactos, escalas, ruinas, inteligencias o estructuras que exceden nuestra medida. El ejemplo perfecto es Cita con Rama, de Arthur C. Clarke.
La xenoficción intenta pensar desde una mente no humana, o al menos acercarse a una subjetividad radicalmente otra. Es una de las formas más difíciles del género. El ejemplo más representativo, aunque menos masivo que otros, sería Los propios dioses, de Asimov
La ciencia ficción superheroica toma la figura del superhéroe cuando su base dominante es científica, tecnológica o cósmica, no mágica. El ejemplo inevitable es Superman, porque fijó el molde del héroe moderno con raíz científico-cósmica.
En la Ciencia ficción policial o de misterio el futuro se cruza con el crimen, la investigación, la conspiración y el esclarecimiento. El ejemplo más conocido es Minority Report.
El tecno-thriller combina ritmo de thriller, amenaza inminente y centralidad de sistemas técnicos, científicos o militares. El ejemplo más popular y eficaz es Jurassic Park.
La Ciencia ficción humorística usa el marco científico o futurista para satirizar, ironizar o parodiar tanto al género como al mundo real. El ejemplo por excelencia es La guía del autoestopista galáctico. Si quieres saber el significado de 42, también tenemos un vídeo sobre eso.
Ciencia ficción surrealista o absurdista. Esta rama se mueve en la rareza, en la lógica torcida, en la sensación de que la realidad funciona según reglas inestables o inquietantemente oníricas. El Asco de Grant Morrison podría ser un ejemplo.
En la Ciencia ficción romántica, el centro emocional y estructural del relato es el vínculo amoroso o afectivo, aunque el mundo siga siendo inequívocamente de ciencia ficción. Un ejemplo curioso y conocido podría ser Her.
La Ciencia ficción de horror cruza la ciencia ficción con el miedo, el cuerpo amenazado, la infestación, la monstruosidad o el pavor cósmico. El ejemplo más perfecto y popular es Alien. O la primera de Terminator.
Tenemos también la Ciencia Ficción de Rol y Juegos y Fantasía Progresiva. Aquí la estructura del relato está directamente influida por las mecánicas propias de los videojuegos, los juegos de rol o los sistemas de progresión. Niveles, estadísticas, clases, habilidades, inventarios, pantallas, misiones o árboles de mejora son la parte central de la trama y de la experiencia del protagonista. Es un subgénero que encaja especialmente bien en la ciencia ficción, sobre todo cuando se mezcla con mundos virtuales, simulaciones, inteligencias artificiales o entornos digitalizados. Un ejemplo muy representativo podría ser Carl el Mazmorrero.
No debe confundirse con historias que simplemente tienen relación con juegos, ni con ficciones donde aparece un tablero, un torneo o una competición lúdica sin que el mundo entero funcione bajo reglas explícitas de progresión. Tampoco es exactamente lo mismo que el GameLit, que actúa como paraguas más amplio para obras ambientadas en mundos de juego o fuertemente influidas por su lógica, aunque la progresión cuantificada no sea siempre el elemento esencial. Un ejemplo más cercano a esa idea podría ser Zathura, donde el juego determina la aventura, pero no convierte a los protagonistas en personajes que avanzan conscientemente dentro de un sistema de niveles. La clave del LitRPG está precisamente ahí: el protagonista sabe que está dentro de un juego, o de un entorno que funciona como tal, y su objetivo pasa por sobrevivir, ascender, mejorar o explotar las reglas del sistema.
Un cuarto grupo posible: movimientos y estilos literarios
Si quisiéramos afinar del todo, podríamos añadir un cuarto grupo, totalmente opcional, como simple ayuda, que no describiría tanto un tipo de mundo o un tipo de conflicto narrativo como una sensibilidad de un momento histórico o de un marco cultural.
La New Wave, por ejemplo, funciona mejor como movimiento y estilo literario que como subgénero puro. Lo mismo podría decirse de La Edad de Oro, que no es un subgénero, es el molde del que nace casi todo lo anterior.
No los meto en el cuerpo principal del mapa porque creo que ensuciarían más de lo que aclararían. Pero merece la pena nombrarlos, porque están ahí, y porque ayudan a leer muchas obras desde otra perspectiva menos taxonómica y más histórica o intelectual.
Conclusión
Como hice con el caso de la fantasía, no he intentado construir una lista cerrada de subgéneros ni una tabla periódica de la ciencia ficción, sino proponer tres maneras complementarias de leerla. La primera atiende a cuánta ciencia o plausibilidad exige la obra; la segunda, a qué tipo de mundo, sociedad o escala imagina; y la tercera, a qué pregunta narrativa, conflicto o impulso central la organiza.
Ninguna historia vive sólo en una de esas dimensiones. Cada obra se sitúa siempre en las tres a la vez, aunque una pese más que las otras. El planeta de los simios, por ejemplo, podría leerse como ciencia ficción blanda o intermedia en su relación con la ciencia, como distopía o incluso ciencia ficción de proximidad desplazada en su modelo de sociedad, y como ciencia ficción sociológica o de último hombre en su enfoque narrativo. El problema de los tres cuerpos podría situarse en una franja intermedia tirando a dura, en un marco de ciencia ficción de proximidad que luego se abre hacia escalas mayores, y sobre todo como ciencia ficción de primer contacto y de invasión extraterrestre. El juego de Ender, por su parte, funcionaría como ciencia ficción blanda o intermedia, como space opera, y como ciencia ficción militar, aunque también roce el primer contacto y la sociológica.
La ciencia ficción es, seguramente, uno de los géneros más amplios, hospitalarios y difíciles de clasificar de toda la literatura contemporánea. Puede ser íntima o monumental, rigurosa o casi mítica, política o aventurera, sombría o cómica, filosófica o pulp. Puede hablarnos del final del mundo, del sentido del lenguaje, de una sociedad futura, de un planeta extraño, de una inteligencia artificial o de una historia de amor con una voz sin cuerpo. Y, aun así, seguir siendo reconociblemente ciencia ficción.
Por eso cualquier clasificación de sus subgéneros está condenada a ser parcial. Pero parcial no significa inútil. Al contrario: precisamente porque el género es tan vasto, conviene tener mapas provisionales.
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1. Según su relación con la ciencia y la plausibilidad
- Ciencia fantástica
- Ciencia ficción blanda
- Ciencia ficción intermedia
- Ciencia ficción dura
- Ficción científica
2. Según el tipo de mundo, sociedad o escala de la ambientación
A. Estéticas y cronologías alternativas
- Ucronía
- Steampunk
- Diéselpunk
- Atompunk
- Silkpunk
- Retrofuturismos afines
B. Modelos de sociedad
- Ciencia ficción de proximidad
- Utopía
- Distopía
- Cyberpunk
- Post-cyberpunk
- Biopunk
- Nanopunk
- Solarpunk
- Ciencia ficción apocalíptica
- Ciencia ficción postapocalíptica
C. Escala espacial
- Ciencia ficción planetaria
- Espada y planeta
- Space opera
- Space western
3. Según el enfoque narrativo
- Ciencia ficción de primer contacto
- Ciencia ficción de invasión extraterrestre
- Ciencia ficción temporal y multiversal
- Ciencia ficción de IA y robots
- Ciencia ficción de inmersión mental / realidad virtual
- Ciencia ficción LitRPG / GameLit
- Ciencia ficción transhumanista
- Ciencia ficción militar
- Ciencia ficción de colonización espacial
- Ciencia ficción de generaciones / arca interestelar
- Climate fiction / ecociencia ficción
- Ciencia ficción sociológica o antropológica
- Ciencia ficción metafísica o filosófica
- Ciencia ficción de exploración
- Xenoficción
- Ciencia ficción de último hombre
- Ciencia ficción superheroica
- Ciencia ficción policial o de misterio
- Ciencia ficción humorística
- Ciencia ficción surrealista o absurdista
- Ciencia ficción romántica
- Ciencia ficción de horror
4. Movimientos y estilos literarios
- Edad de Oro
- New Wave
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