Robert E. Howard es mucho más que Conan
Hoy vamos a hablar de historia y personajes de Robert E. Howard más allá de Conan el Bárbaro. El rey kull de Atlantis, Solomon Kane, Bran Mak Morn o terleu Turlough O’Brien, entre otros personajes y otras historias.
En primer lugar repasaremos el estilo de Howard, y también los principales temas que le interesaban. Después pasamos a sus principales personajes de fantasía: Kull, Solomon Kane, Bran Mak Morn y Turlough O’Brien, además de otras historias. En tercer lugar, resumimos el resto de historias de Howard no fantásticas y terminamos con una breve reflexión.
Howard: Rayo en la frase y trueno en la palabra
Robert Ervin Howard es el creador del subgénero de Espada y Brujería y padre, junto con Tolkien de la fantasía moderna. Ya hemos hablado en otra ocasión de su biografía y de su personaje más conocido, Conan.
Escribió Jordi Morera que Howard fue el James Dean de la literatura. Un autor con una carrera meteórica que murió joven y en circunstancias trágicas, alcanzando el mayor éxito una vez fallecido.
Con una intensidad que se siente desde las primeras líneas de sus relatos. Leer a Howard es como ser arrastrado por una corriente imparable de acción, emociones y paisajes vívidos. No solo narraba historias, sino que las tallaba con palabras, dejando en cada una de ellas la huella de su pasión narrativa.
Tenía una capacidad excepcional para condensar en pocas palabras imágenes poderosas. Sus descripciones, tan breves como cargadas de detalle, lograban pintar escenas completas en la mente del lector, seguramente gracias a su pasión por la poesía, donde el ritmo y la precisión son esenciales.
Por ejemplo, en Kull:
“Ancho y azul se extendían las aguas del lago, y muchos palacios espléndidos se alzaban en sus orillas; numerosas barcas de recreo, con alas de cisne, flotaban perezosamente sobre su superficie brumosa, y siempre llegaba el sonido de una música suave.”
Un párrafo. Y la imagen es nítida.
Otra característica notable de su estilo es el uso generoso de adjetivos. A menudo, un solo sustantivo en sus relatos puede llevar varios modificadores, creando imágenes complejas y dinámicas, que en otros escritores podría parecer un texto sobrecargado, pero en él funciona de manera hermosa, dotando a sus relatos de una riqueza visual que sumerge al lector por completo.
Un ejemplo en una descripción de Solomon Kane, al que se describe como:
“un hombre alto y demacrado” de “rostro pálido y oscuro” y “ojos profundos y melancólicos” que “se volvían más sombríos por la monótona vestimenta puritana que vestía”.
O en Kull, “Sus ojos feroces pasaron por encima de los hermosos trompetistas con una mirada casual”. Qué maravilla.
También dominaba el arte de la repetición descriptiva con variaciones sutiles, lo que le permitía crear resonancias visuales que refuerzan la atmósfera de sus historias. Por ejemplo, como recuerda Coffman, cuando describe el escenario de Xapur en el diablo de hierro, desde “castillado”, “antiguas ruinas sobre él”, “se eleva abruptamente del mar” y “acantilados como castillos”, términos que van cambiando ligeramente.
En el mismo sentido, su uso de epítetos, como “el cimmerio”, o el notable empleo de símiles y metáforas que recuerda a autores clásicos como homero, “observaba al forajido con los ojos ardientes de un lobo moribundo”, “no notó a Conan cuando se deslizó como una pantera acechando”, “rebotando como un gran felino”. Otros de sus recursos más típicos son el empleo de insultos, tipo “perro”, “cerdo”, etcétera o técnicas retóricas muy poéticas, como las aliteraciones, que se aprecian lógicamente mucho mejor en la versión en inglés.
Aunque su carrera fue tristemente corta, abarcando poco más de una década, por suerte fue increíblemente productiva. Escribió cientos de relatos, poemas y ensayos, explorando una amplia gama de géneros. Desde la fantasía heroica hasta el western, pasando por la ficción histórica, el horror y el boxeo, su imaginación no conocía límites.
Dejó tras de sí un legado literario que ha influido a generaciones de escritores, artistas y creadores y aunque su nombre suele asociarse inmediatamente con Conan el Bárbaro, que es Howard en estado puro, la realidad es que creó una galería de personajes tan variada como fascinante. Cada uno de ellos, ya fuera un guerrero vikingo, un pistolero solitario o un explorador de mundos perdidos, estaba impregnado de una vitalidad y una fuerza narrativa que los hace inolvidables. Todos ellos son un testimonio de su visión del mundo: cruda, apasionada y maravillosamente humana.
Los temas que impregnan la obra de Robert E. Howard reflejan su tiempo y lugar, pero también su profundo entendimiento de la naturaleza humana. Civilización y barbarie, libertad, violencia, existencialismo… Abordamos muchos en nuestro vídeo sobre Conan, pero cabe recordar y resumir algunos de ellos aquí.
Sin duda, el que late con más fuerza es el eterno conflicto entre civilización y barbarie, con una preferencia nietzscheana por la barbarie. Para Howard, la civilización es un frágil capricho, condenado a caer ante la fuerza primigenia del barbarismo. Como recuerda en “Más allá del río negro”: “El barbarismo es el estado natural de la humanidad. La civilización es antinatural”.
Howard no hablaba desde la teoría, sino desde la experiencia. Creció en un Texas transformado por los booms petroleros, donde los beneficios del progreso venían acompañados de caos y corrupción. Esa dualidad se refleja en sus relatos, donde las ruinas de civilizaciones olvidadas son el escenario para aventuras cargadas de peligro y violencia.
Otro de los temas es la libertad, sagrada para Howard. Sus personajes, ya sean reyes, espadachines o boxeadores, son seres que rechazan ser encadenados por las normas de la sociedad. Luchan, aman y viven bajo sus propias reglas, incluso cuando el mundo entero parece estar en su contra. En una carta a H.P. Lovecraft, Howard escribió: “Prefiero ser un salvaje desnudo, temblando, hambriento, cazado por bestias salvajes y enemigos, pero libre para ir y venir, con la Tierra como mi reino, antes que el esclavo más rico y engalanado en un palacio dorado”.
En cuanto a la violencia en la obra de Howard, también muy presente, no es solo una herramienta narrativa; es una afirmación de vida. Sus personajes no pelean por placer, sino porque la lucha es una forma de definirse en un mundo hostil y caótico.
Aunque a menudo pueda parecer que Howard la glorifique en sus historias, lo cierto es que tenía una forma madura de entenderla. Como aseguraba James Allison, otro de sus personajes, recordando sus tiempos de aventuras, “incluso el yo moderno, consciente de mi estrecha relación con aquellos tiempos, se horroriza al repasar esa carnicería”.
También la usa para subrayar las contradicciones y la hipocresía de la civilización. Como señala en una historia de Steve Costigan donde van a ver un partido de fútbol americano: “los espectadores, hombres y mujeres que rugieron por un touchdown, fueron tan inconscientemente deshonestos como aquellas damas y senadores que abarrotaban los anfiteatros de la antigua Roma para discutir la habilidad y la belleza de las carreras de carros […] y secretamente se emocionaron al ver cómo los carruajes morían bajo los cascos frenéticos”.
Recuerda la manida reflexión de La Torre del Elefante: “Los hombres civilizados son más descorteses, por norma general, que los salvajes, porque saben que pueden ser descorteses sin que les partan el cráneo”.
No podemos dejar de citar el existencialismo, aunque esta filosofía no se popularizara como corriente filosófica hasta más tarde. Pero como comentamos en el vídeo de Conan, las historias de Howard están impregnadas de esta sensibilidad. Sus personajes no están predestinados por fuerzas superiores ni cumplen profecías divinas; son seres que forjan su propio destino. Este rechazo al determinismo se refleja, por ejemplo, en Kull de Atlantis, quien reflexiona sobre su propia identidad en El Reino de las Sombras: “¿Cómo puede un hombre ser tantos hombres diferentes en una sola vida?”.
Lo cierto es que Howard tenía un alma profundamente romántica. Sus descripciones, están cargadas de color y belleza. Incluso en medio de la violencia y el caos, hay momentos de asombro y maravilla. Sumergirse en sus relatos es encontrarse con preguntas fundamentales sobre la vida, la libertad y el significado de la existencia. Es un recordatorio de que, más allá de las espadas y las batallas, las historias de Howard son una exploración valiente y visceral de lo que significa ser humano.
En La Reina de la Costa Negra, todo esto se expresa de manera casi poética: ” Que me dejen vivir intensamente mientras viva; quiero saborear el rico jugo de la carne roja y sentir el sabor ácido del vino en mi paladar, gozar del cálido abrazo de una mujer y de la jubilosa locura de la batalla cuando llamean las azules hojas de acero; eso me basta para ser feliz. “
En resumen, Robert E. Howard no solo fue un maestro de la fantasía heroica; fue un narrador nato, un creador de mundos y personajes que han resistido la prueba del tiempo. Es necesario rendir homenaje a su genio y explorar el rico tapiz de su obra fantástica, recordando que, aunque Conan pueda ser su creación más famosa, el universo de Howard es mucho más vasto y diverso de lo que muchos imaginan.
Así que nos adentraremos en otros personajes más allá de Conan. En concreto, en sus principales personajes de fantasía heróica, como Kull de Atlantis, el rey melancólico que gobernó antes de la era hiboria; Solomon Kane, el puritano sombrío y vengativo que recorría el mundo combatiendo el mal y Bran Mak Morn, el último rey de los pictos, luchando por la supervivencia de su pueblo frente a la invasión romana.
Lo cierto es que en Howard la línea entre ficción histórica y fantasía heroica es difusa. Aunque las historias de algunos personajes de los que sí hablaremos puedan partir de contextos históricos, hemos escogido como elemento diferenciador que la fantasía o lo sobrenatural sea clave para la narrativa, no parte de la narrativa. En cambio, aquellos héroes cuyos relatos podrían existir perfectamente sin lo fantástico quedan fuera en esta ocasión, reservados para una exploración en otro contexto más adecuado.
Kull de Atlantis
Casi desde que publiqué el vídeo sobre Conan sabía que tendría que antes o después iba a tener que hablar de Kull. Recuerdo que de hecho hablé con un amigo respecto a cómo nos gustaban las adaptaciones al cómic de este personaje y cuánto nos llamaban la atención de adolescentes, en parte porque sus aventuras eran más escasas, en parte porque siendo muy parecido a Conan, tiene diferencias clave.
Kull fue el precursor directo de Conan. Es más, la primera historia de Conan, el fénix en la espada, es en realidad una reescritura de un relato rechazado de Kull titulado By This Axe, I Rule (Por esta hacha yo gobierno). A diferencia de Conan, cuyas historias tienen un enfoque más directo en la acción, las aventuras de Kull son más filosóficas y reflexivas. Howard emplea un lenguaje cargado de simbolismo y una narrativa que a menudo explora las dudas existenciales del personaje, como hemos visto antes en algún texto de los que hemos comentado.
Con todo, es el predecesor espiritual del Cimmerio. De hecho, a primera vista, puede parecer una versión inicial y torpe de Conan: un poderoso guerrero bárbaro que se apodera de un reino civilizado y lo somete a su voluntad. Pero esta visión superficial no solo falla en captar la esencia de Kull, sino también la de Conan. Kull no es solo un conquistador; es un pensador, un hombre que cuestiona la realidad misma y que se enfrenta tanto a enemigos externos como a las ilusiones del poder.
Encarna una figura introspectiva, filosófica y profundamente consciente de las contradicciones de su tiempo y su lugar en el mundo. Leer las aventuras de Kull es adentrarse en un reino donde los límites entre realidad y sueño se difuminan, y donde las cuestiones sobre la identidad y el poder son tan importantes como las batallas y las intrigas.
Nacido hace cien mil años en el reino de la Atlántida, Kull creció en un mundo donde la mayor parte del planeta estaba cubierto por agua. Tras una inundación que destruyó gran parte de su tierra natal, los sobrevivientes se refugiaron en antiguas montañas que quedaron convertidas en islas. Kull, después de un tiempo salvaje, fue adoptado por una de estas tribus de montaña marina.
En su adolescencia, demostró un sentido de justicia que lo llevaría a ser exiliado de su tierra natal e inicia un largo periplo que lo lleva a ser esclavo de piratas lemurianos, pirata por derecho propio, y finalmente gladiador en Valusia.
Tras su tiempo como gladiador, Kull gana su libertad y se une al ejército de Valusia. Su destreza y lealtad lo elevan rápidamente en las filas militares. Bajo el reinado del cruel y despiadado rey Borna, Kull lidera una revuelta apoyada por sus mercenarios, quienes le son fieles hasta el final. Derrota al tirano y asciende al trono, convirtiéndose en rey de Valusia en sus tempranos treinta años.
Sin embargo, como pronto descubrirá, ganar la corona es más fácil que conservarla. Intrigas cortesanas, conspiraciones y amenazas sobrenaturales lo rodean constantemente.
A lo largo de sus aventuras, Kull cuenta con aliados fieles como Brule, un guerrero picto, y Tu, su primer consejero. Su enemigo más temible es Thulsa Doom, un hechicero no muerto descrito por Howard como un “cráneo blanco desnudo, en cuyas cuencas oculares ardía un fuego lívido”. Thulsa Doom simboliza el lado más oscuro y perenne de las amenazas a Valusia.
A pesar de la profundidad y complejidad del personaje, Kull no fue un éxito comercial. Howard solo logró vender tres de sus historias, todas a Weird Tales. La falta de interés del mercado llevó a Howard a crear a Conan, un personaje más orientado a la acción directa y menos filosófico.
Aun así, el personaje de Kull ha sido adaptado en cómics por Marvel y Dark Horse Comics, así como en novelas gráficas. Además, la película de Conan de 1982 toma prestado mucho de Kull, para empezar, el villano, Thulsa Doom o los años jóvenes de Conan como esclavo.
En 1997, Kevin Sorbo interpretó a Kull en la película Kull the Conqueror, aunque en este caso es al revés, la trama incorpora elementos de las historias de Conan porque la intención original era hacer otra película del cimerio. Hablaré más esta película cuando haga el repaso por las películas de espada y brujería de los 90.
Para quienes conocemos y admiramos la obra de Howard, Kull sigue siendo una joya oscura y valiosa. Representa el lado más reflexivo y filosófico del autor, un personaje que desafía las convenciones del género y que, a través de sus dudas y decisiones, sigue planteando preguntas fundamentales sobre la vida, el poder y la naturaleza humana. Kull es el sueño de Howard hecho personaje: un hombre libre, justo y generoso, que ve la vida como un misterio que merece ser explorado.
Si os parece interesante que hagamos un vídeo específico sobre él en el futuro, ya sabéis, dejadlo en los comentarios.
Solomon Kane
Solomon Kane es mucho más que un simple personaje de ficción; es el reflejo de la lucha interna de la humanidad entre la luz y la oscuridad, una figura compleja que despierta una admiración instantánea. Kane es el arquetipo del héroe implacable, un hombre que no busca gloria ni recompensa, sino justicia a toda costa, aunque eso signifique arriesgar su propia vida en cada paso.
Nacido en una época turbulenta, entre la fría rigidez del puritanismo inglés del siglo XVI, Kane es un hombre marcado por su devoción absoluta, un puritano convencido que lucha contra lo que ve como el mal absoluto. En un fundamentalista. Su fe no es un consuelo vacío, sino que es el combustible que lo mantiene en pie, que lo impulsa a recorrer el mundo en busca de injusticias que corregir y sombras que exterminar. En cada historia, Howard no solo nos presenta a un personaje, sino que nos arrastra en una tormenta moral, cuestionando nuestras propias creencias y nuestra visión de lo que es realmente el bien y el mal.
La contradicción comienza con el propio nombre, derivado del rey Salomón y de Caín, el primer asesino de la biblia.
A lo largo de sus aventuras, uno no puede evitar sentirse cautivado por esa mezcla de dureza y vulnerabilidad que define a Kane. Su moral es inquebrantable, sus principios claros como el cristal, pero bajo esa fachada de acero, se esconde un hombre que, en el fondo, está perdido, en busca de algo que no puede hallar: la paz interior. Sus ojos fríos y su rostro demacrado parecen hablar de un alma que ha pagado un precio elevado por su lucha eterna. Y es precisamente esa lucha, esa constante búsqueda de redención en un mundo que parece irremediablemente corrompido, lo que lo convierte en una figura tan absorbente.
Kane es un experto en armas, desde la espada hasta la pistola. Pero su objeto más característico es el bastón, un regalo de N´longa, un chaman africano. El bastón puede ser usado para matar muertos vivientes y otras criaturas míticas.
Cada vez que Kane se enfrenta a uno de esos enemigos, no solo está combatiendo contra ese mal externo, sino contra sus propios demonios. En sus ojos, en su alma, hay una lucha silenciosa, una batalla que ni siquiera él mismo puede ganar. Pero a pesar de todo, sigue adelante, una y otra vez, sin flaquear. ¿Por qué? Porque Kane es la encarnación de esa lucha que todos llevamos dentro: la búsqueda constante de algo más grande que uno mismo, de algo que justifique las heridas, las pérdidas y las dudas. En este sentido, el personaje de Solomon Kane no es solo un héroe de aventuras, sino una reflexión sobre lo que significa ser humano en un mundo lleno de oscuridad.
Es fácil caer en la tentación de ver a Kane como un simple guerrero, pero al leer las historias de Howard, nos damos cuenta de que hay algo más profundo en él, algo que perdura más allá de las páginas de las revistas pulp. La esencia de Solomon Kane, con su fe inquebrantable y su incesante lucha, resuena en un nivel emocional que va más allá de la acción, y es ahí donde reside su verdadera grandeza.
Como Conan o Kull, Kane también se adaptó al cómic, principalmente con Marvel. Y además, hay una película que se estrenó en 2009, de la que también hablaremos más en su momento. Concebida como una trilogía, la película no tuvo malas críticas y se llevó alguna alabanza incluso, pero en general las valoraciones son mixtas. Es una película entretenida, pero es cierto que tiene algunas cosas mejorables. Como la propia historia. Lamentablemente, fue un fracaso de taquilla, recaudando menos de la mitad del presupuesto.
Bran Mak Morn
Bran Mak Morn es uno de los personajes más complejos y trágicos en el universo de Robert E. Howard, un héroe olvidado cuya historia y lucha resuenan más allá de su tiempo y lugar. El último rey de los Pictos, un pueblo cuya civilización se había ido desintegrando a lo largo de los siglos, es la figura central de cinco relatos cortos que Howard escribió, principalmente para la revista Weird Tales.
La fascinación de Howard por los Pictos comenzó en su juventud. Al ser descendiente de escoceses e irlandeses, Howard se sintió atraído por la historia de las antiguas tribus de las Islas Británicas, en especial los Pictos, a quienes veía como un vínculo entre tiempos remotos y la civilización moderna. Howard concebía a los Pictos como los descendientes de un pueblo mediterráneo primigenio, una raza de “aborígenes mediterráneos” que se asentó en las Islas Británicas mucho antes de la llegada de los celtas, romanos y otros pueblos invasores. Este concepto ficticio y romanticista de los Pictos da forma a la visión de Howard sobre ellos como una raza noble y poderosa, que, debido al paso del tiempo y las invasiones, se fue degradando y regresando a una vida más primitiva.
En su visión fantástica, los Pictos habitaban un grupo de islas en el Océano Occidental durante el reinado de Kull de Atlantis. tras la desaparición de Atlantis y otras civilizaciones como Lemuria, los Pictos cayeron en una era de oscuridad y decadencia, olvidando habilidades cruciales como el trabajo con metales, y regresando a técnicas más primarias como el tallado de piedra. Conté todo esto en un vídeo sobre la Era Hiboria, aparecerá el enlace por algún lado o si no, en la descripción.
Pero en el caso de Bran Mak Morn, Howard nos lleva a una ficción más histórica, al siglo III después de Cristo, donde gran parte del mundo conocido está bajo el decadente mando de los emperadores romanos Diocleciano y Maximiano. Los pictos entonces están desplazados en el norte de Escocia, donde son una tribu bárbara. Bran, supuestamente un descendiente de Brule, el que fue amigo del rey Kull, intenta que su pueblo recupere la gloria perdida.
Su nombre puede estar inspirado en figuras míticas como Brennus, el galo que saqueó Roma, o Bran el Bendito, rey de la mitología galesa. Su apellido, de acuerdo al propio Howard hace referencia al héroe irlandés Goll mac Morna. La conexión con el mundo celta está claramente presente en la esencia de Bran.
Bran es el último vestigio de la grandeza picta. Uhombre alto, brillante y un guerrero excepcional, rodeado por un pueblo que, en su mayoría, ha degenerado en seres brutales, pequeños, con ojos oscuros y cuerpos deformados, casi cavernícolas. Así, Bran es un hombre fuera de su tiempo.
Mientras lucha por restaurar la dignidad de los Pictos y prepararlos para enfrentar la invasión romana, sabe que está luchando una guerra perdida. Reconoce la inutilidad de su misión, pues su pueblo ya no tiene cabida en el mundo que está por llegar. Pero esto no lo detiene. Su vida, su sacrificio, es una oda a la lealtad, al deber y al honor. Bran no lucha porque crea que puede ganar, sino porque está destinado a hacerlo, porque es su deber como líder de su gente, aunque ese deber esté condenado a la derrota.
Tras su muerte, Bran Mak Morn es deificado por los descendientes de los Pictos, quienes lo veneran como el “Hombre Oscuro” o el “Oscuro”. Su culto persiste a lo largo de los siglos, y su figura se convierte en una leyenda que se extiende mucho más allá de su tiempo.
Además de todo lo anterior, su figura histórica dentro de la ficción de Howard también está vinculada al universo de los Mitos de Cthulhu, a través de menciones a los “dioses oscuros” en varios relatos.
Como siempre, el personaje aparece en los comics de Marvel, de la mano de Roy Thomas y también hay algunas historias en Dark Horse.
Este personaje podría haber caído perfectamente dentro de la ficción histórica, tal y como explicaba el factor diferenciador al principio. Me apetecía hablar de él y por eso está aquí, pero perfectamente podría haberlo dejado para el próximo punto, que es una especie de cajón de sastre de otros autores.
Turlough O’Brien
Turlough O’Brien, el fiero guerrero irlandés. Considerado por muchos como espada y brujería, pero igual que Bran, en una fina frontera con la ficción histórica.
Está entre los personajes más apasionantes de Howard, siendo casi un precursor de Conan, aunque algo más nostálgico. Este guerrero irlandés del siglo XI, conocido también como Turlogh el Negro, es un ejemplo fascinante de la manera en que Howard combinó la ficción histórica con elementos de acción y fantasía. Fiero, leal y marcado por una vida de exilio, Turlogh es un personaje complejo que navega entre la brutalidad de las batallas.
Turlogh Dubh O’Brien es un noble exiliado de su clan, los O’Brien, considerado proscrito por quienes eran sus aliados, está en un destierro que define gran parte de su vida, convirtiéndolo en un lobo solitario que recorre las costas y tierras de Irlanda y Escocia en busca de justicia, venganza y redención.
A lo largo de sus aventuras, Turlogh se enfrenta a invasores vikingos, feroces enemigos celtas y conspiraciones que amenazan la estabilidad de su tierra natal, demostrando ser un guerrero temible y un astuto estratega. Las descripciones de Howard en estas historias son intensas y vívidas, pintando un retrato brutal y hermoso de la Irlanda medieval, donde historia criaturas míticas, profecías oscuras y escenarios cargados de un aura sobrenatural se entrelazan constantemente, especialmente en sus últimas historias.
Es interesante como en su segundo relato, El hombre oscuro, Turlogh se encuentra con el culto al Hombre Oscuro, una antigua deidad que resulta ser Bran Mak Morn, el héroe picto.
En fin, lo que define a Turlogh por encima de todo es su código de honor personal. A pesar de su exilio y de la violencia que lo rodea, Turlogh actúa siempre con una lealtad feroz hacia aquellos que considera dignos de su respeto, así como defender a los oprimidos y enfrentarse al mal. Esta búsqueda de redención y justicia es un tema recurrente en sus historias, donde a menudo se encuentra dividido entre la necesidad de venganza y su anhelo de paz.
Howard logra capturar esta dualidad de manera magistral, mostrando a un hombre que, aunque marcado por la violencia, lucha constantemente por encontrar un propósito más elevado.
Aunque Turlogh Dubh O’Brien no alcanza la fama de personajes como Conan o Solomon Kane, su figura representa una de las facetas más interesantes de la obra de Howard. Su mezcla de ficción histórica y elementos fantásticos, junto con su exploración de la psicología de un hombre atormentado, lo convierten en un personaje que realmente merece ser redescubierto.
Otros relatos de fantasía
Además de relatos sobre estos personajes, Howard también exploró otros mundos, situaciones y personajes que merecen ser destacados por su riqueza narrativa y su capacidad para expandir las fronteras del género de la fantasía heroica.
En este sentido, cabe destacar Almuric, porque es una de las pocas novelas completas de Howard, aunque es cierto que desencaja un poco de lo que venimos viendo hasta ahora porque es una incursión en el subgénero de la fantasía planetaria.
Serializada en Weird Tales entre mayo y agosto de 1939, la obra sigue a Esau Cairn, un violento ex boxeador perseguido y exiliado de la Tierra que encuentra su verdadero tiempo y lugar en el brutal planeta Almuric. Este mundo, lleno de criaturas monstruosas y civilizaciones primitivas, permite a Cairn vivir de acuerdo con su espíritu salvaje, lejos de las corrupciones de la sociedad moderna.
La novela tiene claras influencias de las aventuras de John Carter of Mars de Edgar Rice Burroughs. Cairn, un violento ex boxeador
La obra es intensa y llena de acción, pero existen bastantes dudas sobre su verdadera autoría. Algunos sugieren que su editor, Otis Adelbert Kline, podría haber completado o incluso escrito grandes partes del libro, ya que ciertas secciones, en especial el desenlace, muestran inconsistencias con el estilo habitual de Howard.
En todo caso, el legado de Almuric se mantuvo vivo gracias a una adaptación en cómic publicada en los 80 por Marvel Comic, escrita como no por Roy Thomas, del que tendremos que hacer un vídeo en el futuro, sin duda. Posteriormente, Dark Horse Comics publicó también una secuela.
Aunque Almuric es la más extensa, Howard también creó muchos relatos breves de fantasía que muestran su fascinación por la fantasía, lo desconocido y lo sobrenatural. Gente de la oscuridad, por ejemplo, de 1932 presenta una visión de una vida pasada donde aparecerá un guerrero llamado Conan, anticipando a su icónico personaje. Black Canaan es una mezcla magia oscura y folklore sureño en una historia opresiva. En Delenda Est, Howard introduce viajes en el tiempo con el objetivo de alterar la historia de Roma.
Eras prehistóricas con luchas entre tribus y bestias salvajes, intriga, fantasía y conflicto. Son las protagonistas de muchas otras historias que aunque menos conocidas que las protagonizadas por Conan o Kull, muestran la diversidad y el talento de Robert E. Howard para explorar diferentes facetas de la fantasía. Desde mundos planetarios hasta regiones pantanosas llenas de misterio, el autor demostró una creatividad desbordante que sigue fascinando a los lectores. Para quienes aman la fantasía heroica, estos relatos son una joya que merece ser celebrada.
Otros relatos de Howard
Además de la fantasía heroica que lo hizo inmortal, Robert E. Howard exploró con igual pasión otros géneros literarios. Su obra es un testimonio vibrante de un escritor que vivía para contar historias, sin importar el escenario o la época en la que se ambientaran. Howard fue un maestro del pulp, y su talento se expandió por terrenos tan variados como el relato histórico, el western, el terror y hasta la literatura deportiva.
Por ejemplo, para empezar, Howard entró en el horror cósmico, influido principalmente por su amigo H.P. Lovecraft. Howard exploró este género y además lo mezcló con elementos más terrenales. Sus relatos de terror están impregnados de una sensación de fatalidad y peligro inminente.
Su personajes principales aquí son John Kirowan y John Conrad, tremendamente diferentes a otros personajes de Howard, como podéis imaginar. En horror también escribió, entre otras cosas, las Palomas del infierno, una obra maestra, considerada una de las mejores historias de terror del siglo XX. También algunas historias sobre hombres lobo con De Montour, o terror-western, entre otras muchas cosas.
También visitó otros aspectos de la fantasía, a través de James Allison, por ejemplo, un texano del siglo XX capaz de recordar sus vidas pasadas, del que destaca la historia El Valle del gusano, o Steve Harrison, un detective envuelto en complicadas historias. Sobre detectives, por cierto, cómo olvidarse de Butch Gorman o de Brent Kirby.
Son así mismo reseñables sus relatos históricos. Al fin y al cabo la historia era una de las grandes pasiones de Howard. Se nota en cada uno de sus relatos de fantasía, pero también en los históricos, donde la sangre y el acero forjan destinos imposibles de olvidar. Personajes como Cormac Fitzgeoffrey, un guerrero normando de sangre irlandesa que combate en las Cruzadas, muestran cómo Howard lograba trasladar su imaginación feroz a tiempos reales sin perder un ápice de intensidad. Aunque en los relatos se añade algo del mundo lovecraftiano, son principalmente históricos.
Aquí es imposible no mencionar a Dark Agnes de Chastillon, una espadachina francesa del siglo XVI cuya fiereza y valentía se adelantaron a su tiempo. Agnes es un testimonio del genio de Howard: su capacidad para crear personajes que desafiaban las convenciones y resonaban con autenticidad. En una época en la que las protagonistas femeninas eran escasas en la literatura pulp, Agnes se erige como una figura poderosa e inolvidable. Sí, es cierto que aparecen algunos elementos mágicos en su tercer relato, pero también es cierto que no lo terminó Howard sino Gerald W. Page. Así que cae en ficción histórica.
También es importante citar por su importancia posterior a Red Sonya, que os sonará de otras cosas. El personaje Red Sonya de Rogantino de Howard es de ficción histórica, basta en el sitio de Viena de 1529. Roy Thomas, en 1973, reconvirtió este personaje en una especie de contrapartida femenina de Conan, mezclando este personaje de Howard con Dark Agnes de Chastillon y lo situó en la Era Hiboria.
Otros de sus personajes históricos son Black Vulmea, un pirata irlandés por el caribe, Helen Travel, en este caso una pirata del caribe, o Lal Singh, un wazir del imperio sikh, que comanda las fuerzas frente a los británicos en la segunda mitad de 1800.
Y unas palabras para El Borak Gordon, el personaje más parecido al propio autor, seguramente, al que Howard tenía mucho cariño porque según él fue el primero que se le ocurrió. Es un pistolero tejano, un cowboy, de aventuras por Afganistán.
Respecto a los relatos de aventuras, creo que es importante recordar su Kirby O´Donnell, un auténtico aventurero americano que recorre todo oriente como Lawrence de Arabia.
En este sentido, Howard creció en Texas, y esa tierra de horizontes infinitos y leyendas indomables tenía que dejar huella en su obra. Así, cabe destacar sus relatos western, que capturan no solo la brutalidad de la frontera, sino también la lucha por la supervivencia y el código de honor de sus personajes, con espacio también para el humor, como las historias de Breckinridge Elkins, Pike Bearlfild, Grizzly Elkins, Buckner Jeopardy Grimes o Steve Allison, AKA The Sonora Kid, que también aparece en relatos de El Borak.
Sorprendentemente, Howard también incursionó en el género de los relatos deportivos, aunque no tan sorprendente porque Howard era bastante deportista. Trató especialmente relatos sobre boxeo con el marinero Steve Costigan, también llamado Dennis Dorgan bajo el pseudónimo de Howard Patrick Ervin. Otros personajes deportivos son Kid Allison o Ace Jessel, entre otros. Además escribió comedia, relatos más subidos de tono para, entre otras revistas, Spicy Adventures, ensayos, artículos, poesías… y, bueno, en realidad mucho más. Porque Howard escribió en su corta carrera literaria más de 300 historias. Pero eso es otra historia y debe ser contada en otra ocasión.
Conclusión
La diversidad de géneros que exploró Robert E. Howard es un testimonio de su pasión infinita por narrar historias. Desde los campos de batalla semi-medievales hasta los rings de boxeo, pasando por las desoladas llanuras del oeste y los horrores innombrables del cosmos. Leerlo es sentir la fuerza de una imaginación indomable, una que nunca dejó de explorar nuevos horizontes.
Robert E. Howard no solo fue un pionero en el género de la fantasía heroica; su legado ha influido profundamente en generaciones de escritores y creadores. Autores como Michael Moorcock, creador de Elric de Melniboné, y Fritz Leiber, padre de Fafhrd y el Ratonero Gris, reconocieron la deuda que tenían con Howard. Moorcock, en particular, tomó la idea del antihéroe melancólico y la llevó a nuevas alturas, mientras que Leiber refinó el estilo de aventura y camaradería que Howard popularizó.
Howard también sentó las bases para lo que hoy conocemos como espada y brujería, un subgénero que combina acción trepidante, mundos imaginarios y personajes complejos. Su influencia se extiende más allá de la literatura, llegando al cine, los cómics y los videojuegos. Desde las películas de Conan hasta series como Game of Thrones, el eco de Howard resuena en la cultura popular.
Pero quizás lo más importante es que Howard nos enseñó que la fantasía no es solo un escape de la realidad, sino una forma de explorar las preguntas más profundas sobre la humanidad: la lucha entre la civilización y la barbarie, el precio de la libertad y la búsqueda de significado en un mundo caótico. Su obra sigue siendo un faro para aquellos que buscan contar historias con pasión, intensidad y un toque de salvajismo.
Si algo queda claro al adentrarse en su obra es que Howard no solo escribía, vivía cada una de sus historias. Esa energía, esa entrega total a la narrativa, es lo que sigue conquistando a generaciones de lectores. Por eso, reducir su legado solo a Conan el Bárbaro es ignorar un universo de relatos que merecen ser redescubiertos y admirados.
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