Romantasy (Fantasía Romántica) – ¿Fantasía de baja calidad?
Hoy, en Fronteras de Fantasia nos acercamos a una frontera que aún no habíamos visitado… el romance fantástico. Si es que lo hay de otro tipo. Es un subgénero que vende millones de copias, y que llena las redes sociales de comentarios a favor pero también muchos en contra, que señalan que fantasía hay poco y de romance mucho.
Introducción
Durante la presentación de su libro Viento y Verdad, de la saga de El Archivo de las Tormentas, Brandon Sanderson dedicó unas palabras a la defensa del Romantasy, o fantasía romántica, señalando que sus buenas ventas son noticias positivas para la fantasía en general, que pueden ser un punto de entrada para que la gente conozca el género y que está harto de quienes categorizan algunos géneros o subgéneros como inferiores a otros, teniendo en cuenta que muchos hacen lo mismo con toda la fantasía. Vino a decir que aquí cabemos todos, vamos.
En relación con todo esto, hace poco que se publicó en castellano Alas de Onyx, el tercer libro de la saga Empíreo de Rebecca Yarros, una serie que se centra en un mundo de dragones y magia, y sigue la historia de Violet Sorrengail, una joven que debe enfrentarse a numerosos desafíos para salvar a su hogar y a sus seres queridos, con una carga importante de fantasía y de romance. Este libro, y sus predecesores, representantes clave de la fantasía romántica, son un auténtico fenómeno de ventas, como no se había visto desde… Crepúsculo.
Lo que nos lleva a pensar, pero, ¿qué narices es la romantasy? ¿de dónde sale? ¿cuáles son sus principales autores y sagas? ¿es fantasía de baja calidad? ¿es literatura barata?
Romantasy
La romantasy, como género híbrido, obtiene su posible encanto de una fórmula que combina la épica de la fantasía con la intensidad del romance. Si bien podría parecer que el foco romántico roba protagonismo a las espadas y los dragones, lo cierto es que su éxito reside en un equilibrio delicado que permite a ambos géneros coexistir.
En la romantasy, la construcción del mundo sigue siendo crucial, pero no es el punto de partida. A diferencia de la fantasía tradicional, que a menudo dedica extensos capítulos a mapas, linajes y batallas históricas, aquí los escenarios mágicos funcionan más como telones de fondo para las relaciones humanas. ¿Qué tiene más peso: la épica batalla contra un villano inmortal o el roce fugaz de manos entre los protagonistas mientras planean la estrategia? La respuesta en este caso es que normalmente lo segundo.
Eso no significa que la construcción del mundo sea necesariamente superficial. Algunos autores han demostrado que es posible crear reinos bastante ricos en detalle y, al mismo tiempo, hacer que la trama gire en torno a dilemas emocionales: el deber frente al deseo, la confianza en medio de la traición, o esa inevitable relación romántica que se va cocinando a fuego lento, que mantiene a los lectores enganchados al filo de las hojas durante sagas enteras.
La romantasy, como el romance sin fantasía, vive y respira gracias a los tropos, elementos narrativos recurrentes que, en lugar de ser un defecto, aquí son una virtud. Tropos clásicos son relaciones prohibidas, polos opuestos, amores predestinados, triángulos amorosos, de amigos a amantes, romances rockstar…
Aunque el más célebre es quizá ese conflicto inicial entre personajes que se transforma en pasión. De hecho, tiene nombre: de enemigos a amantes. Es un recurso que permite entrelazar tensión, conflicto y emociones en un contexto mágico.
De acuerdo a Mathilde Moldrem, este tropo es clave para el desarrollo de historias donde los protagonistas parten desde la desconfianza mutua, con diferencias marcadas de poder o incluso enemistades históricas, y evolucionan hacia una relación en la que ambos deben aprender a confiar el uno en el otro. Este recurso no solo genera intriga, sino que también impulsa el crecimiento emocional de los personajes y crea una conexión más profunda con el lector.
Obras como Una corte de rosas y espinas de Sarah J. Maas y Empíreo de Rebecca Yarros ejemplifican este enfoque: los protagonistas se ven obligados a trabajar juntos para enfrentarse a un enemigo común, lo que intensifica la narrativa y refuerza el desarrollo de su vínculo romántico. Este equilibrio entre tensión externa y conflictos internos es lo que hace que la romantasy sea tan efectiva, ya que mantiene un ritmo dinámico mientras explora temas complejos como el sacrificio, la lealtad y el amor en medio de la adversidad.
Además, Moldrem subraya que el romance en la romantasy no es solo un complemento, sino una herramienta narrativa que aporta respiro emocional en tramas cargadas de tensión. Mientras que las batallas épicas y los conflictos mágicos marcan el ritmo, el romance ofrece momentos de pausa que permiten al lector reconectar con los personajes desde una perspectiva más humana. Es en esta mezcla de épica y emoción donde la romantasy encuentra su mayor fortaleza, ofreciendo finales que, aunque a menudo esperados, no pierden su capacidad de emocionar y sorprender.
En general, estos tropos o motivos no solo hacen que las historias sean adictivas, sino que permiten a los lectores conectar emocionalmente con los personajes en escenarios extraordinarios.
Y sí, muchos de estos recursos son totalmente previsibles, pero en la fantasía romántica la previsibilidad es parte del placer: los lectores no buscan ser sorprendidos todo el tiempo, sino que el viaje sea tan satisfactorio como el destino.
Aunque algunos puristas de la fantasía pueden levantar una ceja, y normalmente también su hacha, el verdadero valor de la fantasía romántica radica en su capacidad para priorizar lo que nos hace humanos, incluso en los escenarios más inhumanos: nuestras relaciones.
Este equilibrio entre lo épico y lo íntimo es lo que ha permitido que la romantasy deje de ser una simple etiqueta de nicho y se convierta en un fenómeno literario. Porque, y concedámosle aquí un punto, todos necesitamos un poco de romance en nuestro caos mágico de vez en cuando. Aunque esto sea otra historia y deba ser contada en otra ocasión.
Los orígenes de la fantasía romántica
Aunque el término “romantasy” es relativamente reciente, las bases de esta combinación narrativa se remontan a siglos atrás.
En primer lugar, las tradiciones religiosas y orales de diversas culturas han jugado un papel esencial en la creación de mundos mágicos y relatos románticos. Muchas leyendas populares y mitos ancestrales, desde las historias griegas de amor entre dioses y mortales, hasta las sagas nórdicas de amor y destino, han cimentado la base para las narrativas fantásticas. De hecho, estas historias, en las que el amor a menudo se ve desafiado por el destino, la magia y lo sobrenatural, continúan influyendo en la romantasy contemporánea.
De manera especial, la fusión de lo emocional con lo místico y sobrenatural es un patrón común en la literatura romantasy. Estos relatos de amores contrariados, destinos trágicos y amores imposibles proporcionan una estructura narrativa perfecta para las historias que definen este subgénero y sientan ciertas bases para futuros tropos condimentados con narrativas mágicas.
Me vienen aquí a la cabeza mitos griegos como el de Orfeo y Eurídice, donde el amor desafía al destino y la muerte, o las leyendas nórdicas como la de Sigurd y Brynhildr, donde magia, traición y destino se entrelazan. En la mitología hindú, la historia de Shiva y Parvati, donde el amor trasciende sacrificios y pruebas sobrenaturales, las leyendas africanas sobre dioses del amor y las pruebas que los amantes deben superar para estar juntos. O las maravillosas historias de Las mil y una noches, cuyas historias de amor y magia han dejado una marca perdurable en la literatura fantástica. Relatos como los de Scheherazade, cuyas narraciones giran en torno a amores imposibles, hechizos y transformaciones mágicas, son un reflejo claro de cómo lo sobrenatural y lo romántico pueden combinarse en tramas cargadas de emociones y destinos entrelazados.
Todo esto establece una rica tradición de amor desafiante en contextos mágicos que sienta las bases de la fantasía romántica contemporánea. La magia, el sacrificio y las pruebas de amor que estos relatos exploran continúan siendo elementos centrales en las narrativas románticas fantásticas, donde lo sobrenatural a menudo se convierte en un vehículo para profundizar en las emociones humanas y los destinos de los personajes.
Pero es en los romances medievales donde encontramos las primeras verdaderas combinaciones de elementos fantásticos y narrativas amorosas. Obras como Tristán e Isolda o algunas elementos artúricos, como el triángulo amoroso de Arturo, Lancelot y Ginebra, presentan los primeros tropos románticos envueltos en un telón de fondo cargado de magia, caballeros heroicos y criaturas míticas.
La magia en estos romances no solo era un elemento narrativo, sino también un catalizador del drama emocional. Hechizos, maldiciones y objetos mágicos interferían en los destinos de los amantes, complicando y enriqueciendo sus historias. Aunque estos relatos se consideraban “romances” en el sentido de aventuras caballerescas, el componente emocional y amoroso siempre fue esencial.
Con la llegada del siglo XIX, encontramos autores como Jane Austen o Emily Brontë, que definieron el paradigma del romance a través de tramas que exploraban los dilemas emocionales, las tensiones sociales y las relaciones complejas que surgían en torno al amor. Aunque sus obras no contienen necesariamente elementos mágicos o sobrenaturales, la intensidad emocional y los conflictos internos de sus personajes son fundamentales para el desarrollo de la romantasy.
En la romantasy, estos mismos temas de amor apasionado y prohibido, dilemas sentimentales y personajes atrapados entre el deseo y las expectativas sociales, se trasladan al contexto de mundos fantásticos. Así, los protagonistas enfrentan no solo barreras emocionales y sociales, sino también obstáculos mágicos o sobrenaturales que complican aún más sus relaciones, creando una tensión constante entre lo que desean y lo que el destino o la magia les permite.
De hecho, el género gótico, que comenzó a incluir elementos sobrenaturales como fantasmas y vampiros, comenzó a pisar fuerte para incluir su huella en la romantasy futura. Estos seres sobrenaturales interactuaban con los protagonistas de formas profundamente emocionales, lo que cimentó la mezcla de romance intenso y mundos fantásticos que caracteriza al subgénero.
Luego llegaron El Señor de los Anillos de J.R.R. Tolkien o Las crónicas de Narnia de C.S. Lewis, que no priorizan el romance, pero establecen el marco de la fantasía moderna: mundos ricos y detallados, conflictos épicos y personajes complejos. La obra de Tolkien, en particular, contiene historias de amor como la de Aragorn y Arwen, o Beren y Lúthien, que resonaron por su mezcla de lo trágico y lo heroico, inspirando a contar historias más centradas el amor en contextos mágicos.
Aunque la romantasy se aleja de las grandes batallas y conflictos bélicos que caracterizan a la fantasía épica, hereda de esta última el desarrollo de mundos relativamente ricos en historia, mitología y magia.
Lo que diferencia a la romantasy es la incorporación de un enfoque más personal y emocional en lugar de las luchas épicas a gran escala. Los mundos mágicos son, en muchos casos, escenarios en los que el amor juega un papel central y donde los personajes deben lidiar con poderes sobrenaturales, pero también con los sentimientos y relaciones que les definen. En lugar de enfrentarse a la oscuridad de una guerra total, los héroes de la romantasy se enfrentan a sus propios corazones, deseos y sacrificios.
Finalmente, el género de la fantasía urbana, popularizado por autores como Anne Rice con Crónicas vampíricas jugó un papel importante en el desarrollo de la romantasy. Estas historias situaban elementos fantásticos en entornos contemporáneos, a menudo con una fuerte carga romántica y sexual.
En todo caso, podemos las primeras pinceladas del género como tal en los 80, con libros-películas como La princesa prometida de William Goldman: aventuras, duelos y un romance central que no teme ser exagerado. O Lady Halcón. Si bien no son aún “romantasy” en el sentido moderno, su influencia es evidente.
En la actualidad, uno de los motores principales de la romantasy es el auge de la literatura juvenil, que ha dado un giro significativo al subgénero. Libros como Crepúsculo de Stephenie Meyer han popularizado la mezcla de romance y fantasía, especialmente entre los jóvenes adultos. Estos relatos ofrecen una combinación atractiva de magia, mundos alternativos y relaciones amorosas complejas que capturan la imaginación de los lectores jóvenes, pero también tienen un atractivo para los adultos.
La literatura juvenil influye en la romantasy de diversas maneras. Los personajes suelen ser jóvenes, en el umbral de la madurez, enfrentándose a dilemas románticos y emocionales que resuenan con los lectores. Además, las tramas a menudo giran en torno a una lucha interna de los personajes, quienes deben elegir entre el amor, el deber y el destino, lo que crea un potente vínculo emocional con los lectores.
Aunque algunos puristas de la fantasía puedan fruncir el ceño, Meyer marcó un antes y un después en la narrativa fantástica dirigida a adolescentes. Su combinación de vampiros, hombres lobo y un romance sobrenatural épico entre Bella y Edward fue el catalizador de una fiebre literaria y cinematográfica que inspiró a muchas autoras actuales del género.
Lo que Meyer logró con Crepúsculo fue dar prioridad absoluta al romance dentro de un contexto fantástico, convirtiendo las emociones adolescentes y los triángulos amorosos en el núcleo de la historia. Puede que sus vampiros no sean los más “tradicionales”, pero su capacidad para conectar con millones de lectores sentó las bases para la explosión de la fantasía romántica en la literatura juvenil y más allá.
Finalmente, Outlander, de Diana Gabaldon, es una obra que destaca como uno de los grandes precursores de la romantasy, gracias a su combinación de romance histórico y elementos fantásticos. Publicada originalmente en 1991, la serie sigue a Claire Randall, una enfermera de la Segunda Guerra Mundial que, tras un misterioso encuentro con un círculo de piedras en Escocia, es transportada al siglo XVIII. Este evento sobrenatural es el catalizador de una historia de amor épica entre Claire y Jamie Fraser, un valiente guerrero escocés. Aunque el romance es el corazón de la serie, los viajes en el tiempo y el contexto histórico detallado añaden una dimensión mágica y fascinante que la acerca al género de la fantasía.
La obra de Gabaldon ha marcado a generaciones de lectores al explorar temas como el amor que trasciende el tiempo, el choque cultural entre épocas y la lucha por sobrevivir en un mundo hostil. Su habilidad para integrar elementos fantásticos dentro de un marco histórico sólido es uno de sus mayores logros, y ha inspirado a muchas autoras modernas de romantasy a crear historias donde los mundos mágicos se entrelazan con relaciones románticas profundamente humanas. Además, Outlander abrió la puerta para que la fantasía y el romance coexistieran como partes iguales de una narrativa, rompiendo con la tradición de que la fantasía debía centrarse exclusivamente en aventuras épicas o conflictos mágicos. Este equilibrio entre géneros es, en muchos sentidos, el núcleo de la romantasy actual, que bebe directamente de su legado.
Autoras y sagas más representativas
La romantasy no sería lo que es sin sus grandes autores, o más bien principalmente autoras, que han definido sus pilares.
De hecho, si hay una autora cuyo nombre va casi de la mano con la romantasy, esa es Sarah J. Maas. Su serie Una corte de rosas y espinas (ACOTAR, para los amigos) es un referente absoluto. Con mundos mágicos repletos de cortes feéricas, conflictos políticos y una buena dosis de sensualidad, Maas ha perfeccionado la fórmula: ofrecer personajes con pasados complejos, romances llenos de tensión y tramas que combinan épica con emociones desgarradoras.
En realidad, Sarah J. Maas es conocida principalmente por dos sagas que han definido su carrera y el género de la romantasy: Trono de Cristal (Throne of Glass) y Una corte de rosas y espinas (A Court of Thorns and Roses).
Trono de Cristal sigue la historia de Celaena Sardothien, una asesina adolescente que lucha por su libertad en un reino tiránico. A lo largo de los libros, Celaena enfrenta intrigas políticas, conflictos sobrenaturales y revelaciones personales que la llevan a descubrir secretos sobre su pasado y su conexión con el destino del reino. La saga mezcla acción, magia, personajes complejos que evolucionan con cada entrega y, sobre todo, romance.
En cuanto a una corte de rosas y espinas, inspirada en cuentos clásicos como La Bella y la Bestia, se centra en Feyre Archeron, una joven cazadora humana que es arrastrada al mundo de las hadas como castigo por matar a una criatura mágica. A medida que Feyre se adapta a este mundo, descubre no solo sus maravillas y peligros, sino también un romance épico que cambiará su vida. La serie evoluciona hacia una trama más amplia de guerras entre reinos, alianzas inesperadas y batallas por la supervivencia.
Ambas sagas destacan por sus tramas de alto riesgo, romances intensos y mundos mágicos relativamente bien desarrollados, que han cautivado a millones de lectores en todo el mundo.
En las obras de Sarah J. Maas el romance se entrelaza profundamente con tramas épicas y mundos mágicos. Sus historias suelen incluir relaciones cargadas de tensión emocional, como el popular tropo de “enemigos a amantes”, y personajes que evolucionan tanto en el ámbito personal como en el romántico. El amor en sus libros no solo sirve para humanizar a los protagonistas, sino que también impulsa la narrativa y afecta el destino de los reinos que habitan. Su capacidad para combinar romance apasionado con conflictos de alta fantasía la ha convertido en un referente del género.
Jennifer L. Armentrout ha seguido un camino similar con De sangre y cenizas, otra saga que ha conquistado a los fans del género. Aquí, el romance se enreda con profecías, secretos y un protagonista masculino que parece sacado directamente de una lista de deseos.
En la saga De sangre y cenizas, Jennifer L. Armentrout ofrece una narrativa donde el romance tiene una fuerte carga física y emocional, inmersa en un entorno de fantasía épica. El vínculo entre los personajes principales, marcado por secretos y lealtades desafiantes, es el núcleo de la historia, mientras que elementos como la lucha por el poder y las batallas sobrenaturales enriquecen el escenario.
No podemos hablar de romantasy sin mencionar a Rebecca Yarros, una autora que ha dado mucho de qué hablar en el panorama actual del género. Su saga Empíreo, que comienza con Fourth Wing, ha conquistado a miles de lectores con una mezcla impecable de acción, intrigas políticas y, por supuesto, romance. La historia sigue a Violet Sorrengail, una joven frágil en apariencia que se enfrenta al desafío de sobrevivir en una academia de jinetes de dragones. Lo que comienza como una lucha por la supervivencia evoluciona hacia una compleja relación con Xaden Riorson, un personaje que encarna a la perfección el tropo de ‘enemigo irresistible’. Yarros no solo ha demostrado una capacidad para crear mundos fascinantes, sino también para construir relaciones intensas que mantienen al lector al filo de las páginas. Fourth Wing ha sido un auténtico fenómeno viral, situando a Yarros como una de las voces más influyentes del género actual.
La importancia de la romantasy en el panorama literario actual
La romantasy no es solo un subgénero más en el vasto universo de la literatura fantástica; es un fenómeno cultural que ha redefinido lo que significa contar historias mágicas en el siglo XXI. Su impacto va más allá de las listas de bestsellers, y su relevancia habla de cómo los géneros evolucionan para responder a las necesidades emocionales y sociales de sus lectores.
Pero es innegable su éxito como fenómeno de ventas. Autoras como Sarah J. Maas o Jennifer L. Armentrout no solo han dominado las listas de bestsellers, sino que han conseguido que sus libros generen debates, fanarts y teorías en redes sociales. La romantasy ha encontrado en plataformas como TikTok un aliado inigualable para conectar con nuevas generaciones de lectores, convirtiendo libros en auténticos fenómenos virales.
Las redes sociales han transformado la difusión y popularidad de la romantasy, convirtiéndola en un fenómeno global. Plataformas como TikTok, con su subsección BookTok, han sido fundamentales: los videos relacionados con los libros de Sarah J. Maas acumulan más de 14 mil millones de visualizaciones, mientras que los títulos de Rebecca Yarros han batido récords de ventas, impulsados por campañas virales y recomendaciones de lectores. Instagram y Twitter también contribuyen, al permitir que comunidades de fans discutan teorías, compartan fanarts y celebren el género. Esta explosión digital no solo ha catapultado la romantasy al centro del mercado editorial, sino que también ha democratizado el acceso a nuevos autores y perspectivas, consolidándola como una tendencia literaria que conecta con los valores y deseos de la generación actual.
Sin embargo, su éxito comercial también ha provocado algunas críticas. Algunos la ven como una literatura “ligera” o destinada únicamente al entretenimiento. Luego vamos con las críticas, pero yo creo que la romantasy no es solo un subgénero de moda; es un reflejo de cómo los lectores actuales quieren leer historias. Historias que no tengan miedo de mezclar géneros, que no rehúyan de las emociones intensas y que abracen tanto la magia como el amor en todas sus formas.
Por el lado positivo, para muchos lectores, especialmente los más jóvenes, la romantasy ha sido el primer contacto con el género fantástico. La accesibilidad de estas historias, combinada con personajes emocionales y un lenguaje más cercano que el de la fantasía épica tradicional, ha ayudado a romper barreras y a introducir nuevos lectores en mundos mágicos.
En un panorama literario que a menudo se fragmenta en nichos, la romantasy se alza como un género capaz de unir mundos, emociones y lectores. Su éxito no solo habla del talento de sus autoras, sino también de su capacidad para responder a las preguntas más importantes: ¿qué nos conmueve? ¿qué buscamos en una historia? Y, sobre todo, ¿por qué seguimos leyendo?
Críticas y controversias sobre la romantasy
Una de las críticas más comunes hacia la romantasy es que, en algunos casos, el enfoque romántico eclipsa la trama fantástica. En la mala fantasía romántica, lo eclipsa casi totalmente.
Mientras que en la fantasía tradicional los elementos mágicos y los conflictos épicos suelen ser el motor principal de la historia, en la romantasy el romance ocupa una posición central, lo que puede hacer que las intrincadas tramas de magia y aventura se sientan superficiales o secundarias.
Para algunos, la romantasy puede parecer una fórmula donde los elementos fantásticos son solo el contexto para que se desarrolle el romance, lo que puede hacer que la historia no se sienta lo suficientemente “mágica” o “épica”. Esto ha llevado a que se acuse al género de ser “fácil” o menos sustancioso, buscando atraer a un público más amplio, especialmente a los amantes del romance.
La romantasy, por su naturaleza híbrida, genera comparaciones con la fantasía tradicional, sobre todo con aquellas obras que se centran más en la magia, la aventura y el heroísmo. Los críticos de la romantasy sostienen que al centrarse en las relaciones personales y los dilemas románticos, el género diluye el peso de los conflictos épicos y las historias de fantasía más puras. Para ellos, la fantasía debe explorar temas como el sacrificio, la lucha contra el mal y la construcción de mundos ricos en historia, y consideran que el enfoque en el romance puede hacer que la trama se sienta más ligera o incluso irrelevante.
Los fanáticos de la fantasía clásica pueden ver la romantasy como una distorsión del género, ya que a menudo perciben que la creación de mundos ricos en mitología y culturas se ve opacada por las preocupaciones sentimentales de los personajes.
Otra crítica frecuente es que la romantasy, en muchos casos, está dirigida principalmente a un público juvenil, lo que la hace menos atractiva para lectores adultos o para quienes buscan tramas más complejas y maduras. Esto se debe, en parte, a la popularidad de sagas como Crepúsculo, que tienen protagonistas jóvenes y un tono que muchos consideran más adecuado para adolescentes. La crítica hacia este enfoque radica en que los temas románticos a menudo se tratan de manera simplificada o idealizada, lo que puede hacer que algunos adultos se sientan excluidos o subestimados.
El riesgo aquí es que, al centrarse demasiado en los jóvenes y sus experiencias emocionales, la romantasy podría perder la profundidad y el realismo que muchos lectores adultos buscan en otros subgéneros literarios. Además, algunos consideran que la inclinación por un romance idealizado y casi inalcanzable puede ser perjudicial, ya que ofrece una visión poco realista del amor, especialmente en obras donde las tramas fantásticas son superficiales o secundarias.
Pero la crítica más agresiva, y en ocasiones merecida, es respecto a la calidad. Mientras que algunos defienden la calidad y el valor literario de obras de romantasy bien escritas, otros sostienen que el género aún está buscando un equilibrio entre calidad literaria y popularidad. El hecho de que esté tan vinculado con la cultura juvenil y el entretenimiento fácil alimenta esta controversia.
¿Por qué no me gusta la romantasy, pero tampoco tengo la razón absoluta?
Personalmente, la romantasy no es mi plato favorito. No puedo evitar sentir que, en ocasiones, la trama romántica se lleva demasiado protagonismo, a veces en detrimento del aspecto fantástico que debería ser el alma del género. Me parece que hay algo en la mezcla de magia y amor eterno que, a veces, simplifica lo que podría ser una historia mucho más profunda y compleja.
Pero, claro, este es mi punto de vista, y no por ello tengo la verdad absoluta. No soy un crítico literario que se pueda erigir como el guardián del buen gusto literario, ni mucho menos. Es solo mi opinión, un gusto personal, y eso no invalida el disfrute de otros lectores que se sienten atrapados por la mezcla de magia y romance.
Dicho esto, lo que más me llama la atención, y lo que creo que a veces se olvida en las críticas, es que la romantasy puede ser una puerta de entrada perfecta al género de fantasía para muchos. Para aquellos que buscan algo ligero, accesible, y por qué no, algo que les dé un respiro de la intensidad de otros subgéneros más densos, la romantasy tiene su valor. Es como la comida rápida de la literatura: no siempre buscamos lo mismo. A veces apetece un festín en un restaurante francés de lujo, con un foie gras de entrada, seguido de un cochinillo asado con patatas trufadas y un postre de mousse de chocolate con un toque de sal marina. A veces, ese tipo de lectura densa, elaborada y compleja es lo que necesitamos, porque nos enriquece, nos reta, nos obliga a pensar.
Pero, ¿qué pasa cuando no tenemos ganas de una cena de 5 platos? A veces queremos algo rápido, algo que podamos disfrutar sin complicarnos demasiado. Un doble Whopper, con sus patatas fritas crujientes y su refresco bien grande. O unas patatas cuatros salsas del bar Manolo, donde sabes que el sabor no es gourmet, pero tiene eso que solo los pequeños placeres mundanos pueden darte. También está el sándwich en la gasolinera o ese yogur de marca blanca, con dos nueces por encima, que sabes que es básico, pero te cumple la función de alimentar y saciar. Comidas no ya para todos los gustos sino también para todos los momentos.
Lo mismo pasa con la romantasy. No todo tiene que ser alta literatura. Está bien disfrutar de una novela que se lee rápido, que no te exige un análisis profundo, pero te envuelve en una historia emocional que te deja satisfecho, aunque no te cambie la vida. No todo tiene que ser sobre la riqueza de los mundos, los detalles de las tramas complejas o los giros narrativos. A veces, lo que se busca es simplemente la desconexión, una historia que te atrape sin necesidad de ser la gran obra maestra.
Es que hasta el mismo Tolkien fue criticado por escribir sobre “elfos” y, por ello, se le negó el Nobel. Parece que siempre hay una tendencia a menospreciar ciertos géneros por no ajustarse a lo que algunos consideran literatura “seria” o “profunda”. Al final, si algo nos enseña la historia de la literatura, es que no hay una única forma de hacer arte. A veces, la espada y brujería más ligera, esa literatura de consumo rápido, tiene su lugar, y no por ello deja de ser importante. Sin pretender elevarla a la categoría de alta literatura, hay espacio para todo, y cada lector sabe lo que necesita en su momento.
Así que, aunque la romantasy no sea lo mío, respeto el hecho de que muchos lectores encuentren en ella algo especial. Y aunque no sea la mejor opción para mí, eso no significa que no pueda serlo para otros. Al final, la diversidad de gustos es lo que hace que la literatura sea tan rica, variada y, sobre todo, accesible para todos.
Fin
Y esto es todo por hoy. Deseo un feliz día de los enamorados, lleno de fantasía.
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