SACERDOTES y HECHICEROS en CONAN – Dioses, Religiones y Ritos de la ERA HIBORIA
Sacerdotes y Hechiceros en CONAN – Dioses, Religiones y Ritos de la Era Hyboria PARTE 3
En la Era Hiboria, hay sacerdotes capaces de invocar horrores, brujos que gobiernan desde la sombra, muertos que conservan conocimientos de hace miles de años y hombres que utilizan la magia para derribar reyes, levantar ejércitos o regresar de la tumba.
En los relatos de Robert E. Howard nunca se traza una frontera clara entre religión y hechicería. A veces ni siquiera sabemos si aquello que estamos viendo es magia, milagro o simplemente un conocimiento antiguo no comprendido.
Por eso hoy, en Fronteras de Fantasia, hablamos de Sacerdotes y Hechiceros en CONAN.
Introducción
En este canal se ha hablado mucho de la Era Hibórea. La hemos analizado con bastante profundidad desde el punto de vista histórico, sus reinos y sus religiones. Hemos hablado hasta de la Era Hibórea que no nos contó Howard, incluido Vulcano el Bárbaro.
No hemos hablado en profundidad de la magia en este mundo, porque es un tema mucho más complicado. En el mundo de Conan, religión y magia se entrelazan frecuentemente. Y como suele ser sello de la casa Howard, esta relación suele ser muy ambigua.
Un sacerdote puede ser un hechicero. Pero resulta que, también, un hechicero puede no servir a ningún dios. O que haya sacerdotes que no son hechiceros. O sacerdotes que no sirvan a ningún rito público.
Y además están los objetos: Una joya puede conservar el poder de una criatura muerta desde hace siglos. Puede que fuera sagrada o no. O sagrada en su origen y después olvidada. O al revés, alguna civilización la hace sagrada con el tiempo pero su origen es incierto. Y las ruinas, cómo le gustan a Howard las ruinas abandonadas hace miles de años, bastante más peligrosas que cualquier ejército.
De las ruinas y de las reliquias, hablaremos en un próximo vídeo. Hoy nos vamos a centrar en los sacerdotes y hechiceros.
Una de las características que definen el sistema mágico en Robert E. Howard es que no está perfectamente separado de la religión, ni tampoco de otros elementos de su mundo. Religión y conocimiento, a veces secreto, van de la mano. Esto permite un sistema de magia que sencillamente no puede ser explicado, porque responde a fuerzas que están muy por encima de la compresión de Conan.
Howard no construye un manual que nos permita distinguir con claridad qué es azar, qué es milagro, qué es hechicería, qué es poder divino, qué es tecnología o qué pertenece sencillamente a criaturas o fuerzas que los hombres llaman dioses porque no saben muy bien de qué otra forma llamarles.
Cuanto más nos acercamos a los márgenes oscuros de la Era Hiboria, más difícil resulta saber dónde termina una cosa y empieza la otra. Y creo que Howard quiere precisamente eso.
Sacerdotes: cuando la religión se convierte en poder.
Como acabamos de decir, un sacerdote de la Era Hiboria no suele ser simplemente alguien que cuida un templo, dirige ceremonias, ordena los ritos y habla de los dioses. Aunque a veces hace exactamente eso.
Pero muchas veces son además figuras que interpretan oráculos, que guardan reliquias, acumulan poder, manipulan reyes, dirigen sacrificios y en general utilizan conocimientos que, desde nuestro punto de vista, están más cerca de la hechicería que de la religión.
La frontera entre sacerdote y hechicero en Howard nunca está del todo clara. Y por tanto tampoco la frontera entre religión y magia. Aunque no todos los sacerdotes son magos. Ni todos los magos son sacerdotes. Pero una y otra vez encontramos personajes capaces de convertir el conocimiento religioso o el rito en una forma de poder.
El mejor ejemplo para explicar esto es Thoth-amon, el gran sacerdote hechicero stygio asociado a la Serpiente, al Anillo de Set y a la magia negra. En El Fénix en la Espada, su poder depende del Anillo de Set, una reliquia antigua encontrada en una tumba enterrada. Mientras no posee el anillo, Thoth-amon está reducido a instrumento, esclavo de otro hombre. Cuando lo recupera, vuelve a ser alguien capaz de invocar horrores desde regiones ajenas al mundo humano.
Thoth-amon representa una forma de poder que no necesita ejércitos, ni tronos ni siquiera púlpitos. Ejerce su poder desde el conocimiento oculto. La magia sustituye a la política.
Su relación con Set tampoco aparece como piedad religiosa. Por eso Thoth-amon es tan importante para entender la religión en Howard: muestra al sacerdote-hechicero como alguien que negocia con fuerzas antiguas y las canaliza.
En los pastiches y en la mitología que se desarrollará tras Howard, esto es, en los relatos y cómics que se escribirán después, Thoth-amon adquirirá mucha relevancia. Pero el hecho es que la que le da Howard ya es muy potente, y utilizando sólo algunas pinceladas. En La hora del Dragón se dice que es el maestro de todos los sacerdotes de Set. Sin embargo, aparece en apenas tres relatos, y luego es cierto que en otros dos póstumos o finalizados por Sprague de Camp. Pero eso es otra historia y debe ser contada en otra ocasión.
Dentro del propio culto de Set tenemos también a Thutothmes, en La Hora del Dragón, un sacerdote que participa en las luchas internas del sacerdocio stygio. Thutothmes se opone a Thoth-amon y busca poder para derribarlo.
No es una excepción aislada. En Khemi, Howard nos muestra todo un sacerdocio de Set organizado, poderoso y lleno de luchas internas. Así que incluso dentro de una misma religión encontramos algo muy howardiano: sacerdotes enfrentados entre sí, y no por diferencias doctrinales o discusiones teológicas.
Otro nombre en la esfera del sacerdocio de Set es Thothmekri, del que sabemos poco más que murió hace tres mil años. En La Hora del Dragón aparece en una única secuencia. Se incorpora, entrega el corazón de Ahriman a Conan y, cuando este le pregunta quién es, responde simplemente que fue Thothmekri y que está muerto. Después lo conduce hasta la salida del templo y regresa a la oscuridad.
Es importante no confundir entre Thutothmes, sacerdote de Set de La hora del Dragón, Thothmekri, antiguo sumo sacerdote de Set y Thutmekri — stygio de Las joyas de Gwahlur. Tres personajes distintos con tres nombres muy parecidos.
Frente a este poder oscuro, en El Fénix en la Espada, aparece Epemitreus el Sabio. Epemitreus lleva muerto mil quinientos años, pero eso no le impide llamar a Conan durante un sueño y llevarlo hasta su tumba, oculta en el interior del monte Golamira. Allí marca la espada de Conan con el signo del Fénix, y esa marca permite después herir y matar a la criatura invocada por Thoth-amon.
Existe una relación directa con Mitra. La localización de la tumba de Epemitreus forma parte de los misterios secretos del culto, transmitidos entre sus sacerdotes.Así que Howard nos enseña también el otro lado: la magia o lo sobrenatural no pertenece únicamente a Set y a los hechiceros oscuros. También puede aparecer ligado a Mitra y actuar para proteger.
Otro ejemplo de esto es Kalanthes, en El dios en el cuenco, como sacerdote de Ibis. Sabemos mucho menos de Ibis que de Set o de Mitra. Cumplen la función esencial de demostrar que en el mundo religioso-mágico de Conan no sólo hay oscuridad: no toda sabiduría pertenece a la serpiente.
Sacerdotes: Más allá de Set contra Mitra
Mas allá de Set contra Mitra, llegamos a personajes como Yara, en La Torre del Elefante. Howard lo presenta como sacerdote pero lo que vemos en él es sobre todo a un hechicero convertido en señor de una torre. De hecho, no tiene una religión pública detrás. Posee un conocimiento inaccesible para los demás y lo utiliza para mantener su poder, que procede del Corazón del Elefante y de la esclavitud de Yag-kosha, la entidad venida de Yag a la que ha torturado durante siglos.
Howard vuelve a jugar con las apariencias. La criatura con cabeza de elefante parece el monstruo. Pero es la víctima. El sacerdote humano parece el dueño del templo, pero es el verdadero horror moral.
El mismo relato menciona además, casi de pasada, a los sacerdotes de Yun que habitan las junglas de Khitai de las que procede el loto negro.
Otro sacerdote hechicero es Totrasmek, sacerdote de Hanuman en Sombras en Zamboula. Aquí encontramos otro motivo típico de la casa Howard: El templo de Hanuman aparece como un centro de manipulación criminal. Totrasmek usa su posición sacerdotal para controlar y engañar. Su autoridad religiosa forma parte de la corrupción de Zamboula, una ciudad donde la civilización es fachada y la noche pertenece a pactos inconfesables. Lo que importa narrativamente es menos la doctrina del culto que el uso social del templo: una institución religiosa convertida en instrumento de chantaje y poder.
En el mismo relato aparece además Baal-pteor, que no es exactamente sacerdote ni hechicero, pero sí una especie de especialista religioso. Escogido desde niño por los sacerdotes de Yajur y entrenado para convertirse en uno de los Estranguladores de Yota-pong. No todo religioso en Howard predica o practica magia.
Es más, Howard nos presenta también sacerdotes sin aspecto mágico, que sirven justo para recordar que tampoco necesitamos a la magia para que el sacerdocio se convierta en poder. Con Nabonidus, el Sacerdote Rojo, en Villanos en la casa, Howard juega con la impresión de que pueda ser un hechicero. A veces algo parece magia porque los demás no lo comprenden.
Y en el mismo relato aparece además otro sacerdote, aunque no sabemos su nombre, sólo que es un sacerdote de Anu. Su templo está junto al barrio de los bajos fondos y tiene poco de ejemplar. Conan acaba entrando una noche en el templo y cortándole la cabeza. Es otro recordatorio bastante directo de que en Howard el sacerdocio no implica necesariamente santidad.
Hay más casos. Por ejemplo, Gorulga, sumo sacerdote de Keshan en Las joyas de Gwahlur. Gorulga no es hechicero. Su poder procede de una tradición religiosa que todavía conserva una enorme autoridad. Es él quien exige consultar el oráculo de Yelaya antes de decidir qué hacer con las Joyas de Gwahlur. Tampoco es malvado. Pero no todos los sacerdotes de Keshan son como él. Gwarunga, uno de los sacerdotes que lo acompañan, colabora en secreto con Thutmekri y Zargheba: les ha revelado el acceso oculto a Alkmeenon y, cuando Muriela altera el mensaje que debía transmitir como falsa Yelaya, intenta obligarla a cumplir el plan.
En un solo relato Howard nos da así casi todas las posibilidades: un sacerdote que cree sinceramente, otro que traiciona su propio culto, un hombre que utiliza la religión desde fuera y un stygio que organiza todo el fraude para conseguir un objetivo político.
Otro gran hechicero llegado directamente del pasado es Natohk, en El Coloso Negro. Aunque su verdadero nombre es Thugra Khotan, un hechicero antiquísimo que había permanecido muerto en las ruinas de Kuthchemes. Su caso anticipa muchas de las cosas que Howard desarrollará después: el mago no necesita ser rey para actuar como uno.
Xaltotun, en La Hora del Dragón, podría ser la culminación de la figura del sacerdote-hechicero. En Xaltotun, religión y magia se funden de manera total. No pertenece al presente de Conan, sino a Acheron, una civilización muerta que regresa con él. Es alto sacerdote, pero también mago, nigromante y, sobre todo, reliquia viviente de una edad anterior. Su resurrección es la reaparición de una civilización enterrada, Xaltotun encarna esa idea tan de Howard de que el pasado no desaparece nunca.
En el mismo relato, otro personaje no debería pasar desapercibido es Orastes, que había sido sacerdote de Mitra, pero fue expulsado precisamente por estudiar magia negra. A partir de ahí viaja por Zamora, Vendhya, Stygia y Khitai, estudia los libros de Skelos, habla con criaturas invisibles y termina aprendiendo lo suficiente como para participar en la resurrección de Xaltotun. Orastes tiene incluso su propio acólito, Altaro.
La Hora del Dragón nos ofrece también el ejemplo contrario, con Hadrathus, sacerdote de Asura. Conoce perfectamente el terreno de la magia. Sabe quién es Xaltotun, conoce Acheron, entiende lo que significa el Corazón de Ahriman y sabe que Conan está luchando contra una fuerza sobrenatural. Hadrathus utiliza sus conocimientos para ayudar a Conan.
Y finalmente, también en La Hora del Dragón aparece Zelata, que nos lleva a otra forma de magia no completamente distinta, pero sí diferente. Es capaz de mostrar a Conan visiones de acontecimientos lejanos y se presenta como una especie de oráculo a través del cual hablan los dioses. Pero cuando Conan le exige explicaciones más precisas, ella misma reconoce que existen leyes que gobiernan esas cosas y que ni siquiera ella las entiende del todo.
Esto encaja perfectamente con lo que comentábamos al principio. La magia de Howard puede tener reglas, pero eso no significa que Conan, el lector o incluso quienes la practican lleguen a comprenderlas completamente.
Hechiceros: el conocimiento que no debería existir
Además de sacerdotes hechiceros, encontramos también magos puros en los relatos de Howard, aunque es verdad que de alguna manera hay algo de religión en su relación con la magia. Salome, por ejemplo, en Nacerá una bruja, no es una sacerdotisa legítima de Ishtar, es una bruja, un doble monstruoso de Taramis que actúa como agente de corrupción religiosa. Al tomar Khauran, desplaza el orden anterior e implanta el culto de Thaug, un dios-monstruo alimentado con sacrificios humanos. El templo deja de proteger a la ciudad y se convierte en boca del monstruo.
En el relato se nos explica de dónde procede buena parte de la magia de Salome. Después de ser abandonada en el desierto, la recoge un mago de Khitai que regresaba de Stygia. Se la lleva a Paikang y allí la instruye durante años.
Salome tiene además sacerdotes a su servicio, como Zang. Salome le entrega una de dos esferas de cristal y desde el campo de batalla, Zang utiliza la esfera para hablar con ella a distancia y contarle lo que está ocurriendo. No es el único: más tarde aparece otro sacerdote de rostro cadavérico, sin nombre, que ayuda a Salome a llevar a Taramis hasta el templo de Thaug y muere a manos de Valerius.
Otra bruja es Tascela, en Clavos Rojos, que nos lleva de nuevo hasta Stygia. Tascela tiene siglos de edad y mantiene su juventud absorbiendo la vitalidad de mujeres jóvenes. Pero ese conocimiento no surge de la nada. Ella misma cuenta que, cuando era joven, un sacerdote de Stygia se enamoró de ella y le enseñó el secreto de la inmortalidad y de la juventud eterna.
En La Hora del Dragón encontramos un caso todavía más difícil de clasificar: Akivasha, antigua princesa de Stygia. Akivasha no es sacerdotisa ni aparece definida como hechicera. Es algo distinto. Diez mil años antes había buscado una forma de escapar de la vejez y de la muerte y, como ella misma explica, murió para vivir eternamente. Cuando Conan la encuentra bajo los templos de Khemi sigue teniendo el aspecto de una mujer joven, pero necesita sangre para conservar esa existencia. Conan acaba llamándola directamente vampiro.
En Xuchotl tenemos un caso extraño: Tolkemec. No aparece definido claramente como hechicero, pero conoce muchas de las antiguas artes de la ciudad. Es otro buen ejemplo de lo difícil que resulta clasificar estas cosas en Howard. ¿Magia? ¿Conocimiento perdido Howard no se molesta en explicarlo. Para Conan da exactamente igual: es un peligro.
Khemsa, en El pueblo del Círculo Negro, pertenece a otro registro: el del mago oriental. Vinculado a los videntes negros y al Círculo Negro, Khemsa no es literalmente sacerdote de templo, pero sí es producto de una tradición mágica organizada. Ha sido instruido durante años por los maestros de El Círculo Negro y conoce parte de sus artes.
Por encima de Khemsa está el verdadero centro de ese poder: el Maestro de Yimsha. La función de El Círculo Negro es ambigua, no se organiza alrededor de un dios visible, pero no podríamos decir que está completamente separada de la religión. Opera como una orden jerarquizada del poder oculto, con algo parecido a una estructura de aprendizaje: acólitos, magos subordinados, los Videntes Negros y, por encima de todos ellos, el Maestro de Yimsha.
No debemos olvidar la magia de los chamanes. Zogar Sag, el chamán picto de Más allá del Río Negro, representa el extremo opuesto del sacerdote urbano. Actúa como mediador entre los pictos, los dioses del bosque y las bestias. Howard utiliza su figura para mostrar que la magia también puede brotar del bosque, de maneras que la civilización ha olvidado.
Finalmente, en La Ciudadela Escarlata, Tsotha-lanti es otro tipo de hechicero, no ligado a un dios concreto. Es más bien un mago político. Su ciudadela domina Khorshemish, y también domina a los reyes que creen utilizarlo. Tsotha paraliza a Conan con el veneno del loto púrpura, lo encierra en los pozos de su fortaleza donde conserva un mundo subterráneo de monstruos y horrores. Howard utiliza a Tsotha-lanti para presentar la hechicería como poder de gobierno.
Tsotha es una demostración de la ambigüedad de Howard respecto a religión y magia. No necesita un dios, su poder procede directamente del conocimiento hechicero. Pero socialmente ocupa un espacio parecido al de otros sacerdotes que hemos visto, siendo poco diferenciable de ellos: posee secretos inaccesibles para los demás, y utiliza ese conocimiento para influir sobre quienes gobiernan.
Pelias, su gran rival, se mantiene también dentro de la misma ambigüedad. Es también hechicero, y también pertenece al mundo oscuro de los saberes prohibidos, la diferencia es que en la trama actúa como aliado de Conan.
Todavía hay formas de hechicería mucho más oscuras que Howard apenas nos deja entrever. En El extranjero negro se cuenta la historia de un mago negro que invoca a una criatura de los abismos exteriores y consigue darle forma humana. Ni siquiera conocemos el nombre del hechicero.
Y hay muchos otros personajes difíciles de clasificar. Por ejemplo, Bit-Yakin, en Las joyas de Gwahlur. Era un antiguo Pelishtim que llegó a Alkmeenon acompañado de unas criaturas monstruosas que obedecían sus órdenes. Vivió allí durante muchísimo tiempo, oculto de los sacerdotes, y llegó a utilizar el cuerpo de Yelaya para hacerse pasar por la voz de su oráculo. Conan explica además que los sabios Pelishtim conocen secretos capaces de prolongar la vida durante siglos. ¿Era Bit-Yakin un hechicero? Howard nunca lo dice claramente.
Otro ejemplo es el sacerdote Yuetshi de El Diablo de Hierro, ejemplo de sacerdote que maneja magia sin que Howard desarrolle una teología o Los sacerdotes rapados de Khosatral Khel.
En La reina de la Costa Negra aparece además un caso no humano: el último ser de la antigua ciudad, al que Howard llama directamente “necromante”, realiza ritos sobre los guerreros stygios y provoca su transformación.
En general, los sacerdotes y hechiceros de Conan muestran que la magia en Howard no tiene por qué reducirse a buena contra mala, o a oscura frente a luminosa, pero desde luego, rara vez es neutral. Sirve para gobernar, para extorsionar, para preservar secretos, legitimar usurpaciones, destruir ejércitos, asesinar a distancia… Hay sacerdotes protectores, como los de Mitra o Kalanthes de Ibis; hay sacerdotes criminales, como Totrasmek; hay hechiceros políticos, como Tsotha-lanti y Xaltotun; hay chamanes tribales, como Zogar Sag; hay brujas usurpadoras, como Salome. Todos ellos demuestran lo mismo: en la Era Hiboria, el rito no es un adorno de la religión.
Conclusión
Conan atraviesa templos, se enfrenta a sacerdotes, brujos, muertos que vuelven a caminar y hombres capaces de ver lo que ocurre a cientos de kilómetros. Pero casi nunca entiende realmente cómo funciona nada de aquello. Los lectores compartimos con el esa falta de comprensión de las reglas del mundo.
Pero tampoco necesitamos comprenderlo. Ocurre y no está fuera de lugar. Encaja en el mundo. Cuando Thoth-amon levanta la mano, cuando Xaltotun regresa después de tres mil años o cuando Zelata mira donde nadie más puede mirar, Conan no se pregunta cuáles son las reglas. Comprende que hay cosas en el mundo mucho más antiguas que él, conocimientos que no comprende ni va a comprender.
Howard encontró algo que la fantasía ha perdido muchas veces después: la magia puede dar mucho miedo cuando no podemos convertirla en un manual.
No sabemos exactamente dónde termina la religión y empieza la hechicería. No sabemos si algunos de estos hombres sirven a los dioses, los utilizan o simplemente han aprendido cosas que ningún hombre debería conocer. Y quizá sea mejor así.
En la Era Hiboria hay preguntas que es más seguro no responder. Aunque Conan, por supuesto, siempre acaba lanzándose contra ellas, espada en mano.
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