TAD WILLIAMS: Entre Tolkien y Juego de Tronos

TAD WILLIAMS – Entre Tolkien y Juego de Tronos

Antes de Juego de tronos, hubo una novela que convenció a George R. R. Martin de que la fantasía épica todavía podía sorprender. Y, claro, no es El Señor de los Anillos.

Tad Williams es un escritor fundamental para comprender cómo evolucionó la fantasía épica, desde la melancolía de Tolkien hasta la oscuridad del grimdark. En 1988 publicó El trono de huesos de dragón, el comienzo de una saga que terminaría influyendo en algunos de los escritores más importantes de la fantasía moderna.

Pero ¿qué encontró Martin en aquella historia? ¿Qué tenía de especial para que autores como Patrick Rothfuss o Christopher Paolini reconocieran su relevancia? ¿Por qué merece que sigamos hablando de ella casi cuarenta años después?­

Por eso hoy, en Fronteras de Fantasia, hablamos de Añoranzas y Pesares.

Introducción: Las mentiras de los héroes

Has pasado toda tu vida escuchando historias sobre reyes legendarios. Hombres extraordinarios que derrotan terribles enemigos y unifican reinos. Sus espadas son famosas, sus castillos el centro del poder del continente. Sus hazañas han terminado sirviendo para legitimar el poder de quienes los sucedieron.

Ahora imagina que, poco a poco, empiezas a descubrir que algunas de aquellas historias quizá no ocurrieron exactamente como te las contaron. Que podría haber otros puntos de vista. Al fin y al cabo, los relatos que conocemos fueron contados por alguien y han pasado por muchas manos antes de llegar hasta nosotros. Quizá incluso algunos de aquellos a quienes las antiguas leyendas presentaban como terribles enemigos tenían bastante buenas razones para odiar a quienes ahora se consideran los héroes.

Estas son algunas de las cuestiones que plantea Añoranzas y pesares, la saga de fantasía épica que Tad Williams comenzó a publicar en 1988. Podría parecer otra de las innumerables herederas de Tolkien. Pero claro, entonces Rothfuss no diría que esta saga ha contribuido a transformar la manera de entender el género, ni Paolini la describiría como «una de las grandes epopeyas de fantasía de todos los tiempos».

Y es que Williams examina en profundidad algunas de las ideas que los imitadores de Tolkien habían convertido en fórmulas, especialmente la existencia de una edad dorada en el pasado que justifica la realidad del presente. Y para ello se sirve de las convenciones del género.

Uno de sus lectores comprendió enseguida lo que Williams estaba intentando hacer. Se llama George R. R. Martin y en julio de 2011, durante un encuentro público celebrado en California, reconoció que El trono de huesos de dragón lo había animado a escribir Canción de hielo y fuego, sorprendido al descubrir que todavía se podían hacer cosas nuevas con una forma narrativa que parecía haberse vuelto demasiado previsible.

Martin admira a Tolkien, lo ha reconocido en diferentes ocasiones, como por ejemplo en una entrevista de 2014 en la revista Rolling Stone. Pero le preocupaba aquella concepción del rey bueno. Martin quería saber qué significaba eso exactamente. ¿Cuál era la política fiscal de Aragorn? ¿Mantenía un ejército permanente? Y, sobre todo, ¿qué ocurrió con los orcos que sobrevivieron a la derrota de Sauron? ¿Ordenó perseguirlos y exterminarlos, incluso a sus hijos, o permitió que continuaran viviendo en las montañas con el riesgo de que volvieran a convertirse en una amenaza? Gobernar bien también implica tomar decisiones difíciles.

El peso de Williams en Martin fue tan relevante que, como hizo con otras influencias, como Mervyn Peake, le hace un pequeño homenaje en Juego de tronos: la casa Willum, con Lord Willum y sus hijos Josua y Elyas, en referencia al autor y a dos de los personajes principales de Añoranzas y pesares.

Martin terminará convirtiéndose en uno de los grandes responsables de esa fantasía más desencantada y moralmente ambigua que triunfa actualmente, precursora del género que hoy se conoce como grimdark, del que ya hemos hablado en otras ocasiones.

Tad Williams ocupa por lo tanto un lugar particularmente importante en la historia de la fantasía moderna, precisamente por encontrarse en un territorio que todavía conserva gran parte de la sensibilidad de Tolkien, mientras empieza a cuestionar algunas de sus convenciones.

Así que para entenderlo bien, hay que empezar por la Tierra Media.

Pero antes… Déjanos también un comentario, ¿has leído algo de Tad Williams? ¿Cuándo crees tú que nace la fantasía ambigua? Vamos, Tad, quien está seguro de conocer el final de las cosas cuando apenas empiezan es extremadamente sabio o extremadamente necio.

La melancolía de Tolkien

Aunque El Señor de los Anillos termina con una victoria extraordinaria, la historia está llena de personajes que saben que el mundo al que pertenecen está desapareciendo.

El poder de los Tres Anillos ya no podrá seguir conservando lugares como Rivendel o Lothlórien. Gandalf regresará al Oeste y Frodo descubrirá que las heridas que ha sufrido durante su aventura le impiden recuperar la vida que tenía antes. Todo aquello que los personajes han conseguido salvar ya nunca volverá a ser exactamente como era.

Esta preocupación por el paso del tiempo aparece constantemente. Los personajes viven rodeados de testimonios de una historia que resulta extraordinariamente antigua. Tolkien consigue así que su mundo tuviera una profundidad histórica que excede por mucho los acontecimientos de la novela.

Los protagonistas se enfrentan a las consecuencias de decisiones que tomaron personajes que desaparecieron muchísimo antes de que ellos nacieran. Y existe una relación muy profunda entre la legitimidad del presente y la autoridad de un pasado que se reconoce y respeta.

Por supuesto, ese pasado tampoco fue tan maravilloso como podría parecer. La Primera Edad está llena de guerras devastadoras y personajes como Fëanor, cuya grandeza resulta inseparable de decisiones que terminarán provocando sufrimientos enormes. Lo comentamos en otro vídeo sobre las historias más oscuras de Tolkien, que aparecerá por algún lado de la pantalla o, si no, en la descripción.

Pero lo interesante ahora es que en El Señor de los Anillos, conocer el pasado permite explicar el presente y, en muchos casos, encontrar la manera de resolver sus conflictos. Aquí es precisamente donde Tad Williams introduce la duda: ¿y si algunas de esas historias sobre las que se construye nuestra interpretación del mundo no sucedieron exactamente como nos las contaron o se pueden interpretar de otra manera?

Tad Williams

Robert Paul Williams, nació en San José, California, en 1957, y creció en Palo Alto. Antes de convertirse en escritor se dedicó a unas cuantas cosas, desde repartir periódicos, vender zapatos o trabajar en la radio hasta dirigir una sucursal de una entidad financiera. También trabajó para Apple. Una trayectoria bastante peculiar para uno de los grandes autores de la fantasía épica contemporánea.

Williams ha contado que su madre le leía historias de autores como Edith Nesbit y Kenneth Grahame, y que descubrió El Señor de los Anillos cuando tenía unos once años, mira qué casualidad, como yo. Según explicaría posteriormente, aquella lectura fue probablemente la influencia más importante de su infancia. Eso sí, sus referencias iban bastante más allá de Tolkien: también le interesaban los cómics de Kirby y Stan Lee, las novelas de Dickens y, posteriormente, escritores como Thomas Pynchon.

Su carrera literaria comenzó en 1985 con Tailchaser’s Song, La canción de cazarrabo, una novela de fantasía protagonizada por gatos. En 1988 publicó El trono de huesos de dragón, primera entrega de Añoranzas y pesares. También ha escrito sagas como Otherland, de ciencia ficción; Shadowmarch, o las novelas de Bobby Dollar; ha sido guionista de cómics para DC, incluyendo Aquaman, entre otros, y ha desarrollado novelas juveniles junto a su esposa, Deborah Beale. Sus libros han vendido decenas de millones de ejemplares y muchos autores han reconocido su influencia.

El título original de su gran saga de fantasía es Memory, Sorrow, and Thorn, el nombre de las tres principales espadas que se mencionan en la historia: Memoria, Dolor y Espina. Fue traducido al castellano como Añoranzas y Pesares y se compone de la trilogía El Trono de Huesos de Dragón, La Roca del Adiós, y el tercer volumen, La Torre del Ángel Verde, que es bastante largo y se suele dividir en dos: «A través del Nido de Ghants» y «La Torre del Ángel Verde».

Publicada por Timun Mas en los 90, la reeditó Minotauro en 2023-2024. Por su parte, en 2008 Altaya publicó la novela corta El hombre en Llamas, de 1998, incluida entre otros relatos en Leyendas negras. No se ha traducido la novela gráfica basada en este relato, que yo sepa. Y, lamentablemente, en la fecha de la publicación de este vídeo, no hay noticias sobre la traducción de las nueva saga de novelas, que se publica desde 2017 y se conocen como El Último Rey de Osten Ard.

De hecho, este mismo octubre de 2026 se publicó una precuela de la obra, ambientada 300 años antes de Añoranzas y Pesares, que al parecer inicia una nueva saga que por ahora tampoco tiene pinta de que se vayan a publicar en castellano, a pesar de haber recibido buenas críticas en general.

El problema de los reyes

A partir de aquí voy a comentar algunas de las ideas filosóficas de Añoranzas y pesares, procurando evitar grandes spoilers y revelaciones de la trama. Aun así, quienes prefieran empezar una novela sin saber absolutamente nada sobre ella quizá quieran dejarlo aquí. Avisados estáis.

Añoranzas y Pesares nos sitúa en el continente de Osten Ard. Comienza presentándonos a Simón, un joven huérfano que trabaja en Hayholt, el enorme castillo que conquistó el Preste Juan o Juan el Presbítero, un rey legendario que habría conseguido unificar buena parte de Osten Ard. Simón es parte del servicio, pero termina bajo la supervisión del doctor y alquimista Morgenes Ercestres, que le enseña las historias de los grandes héroes del pasado y le da acceso a conocimientos que otros habitantes del castillo apenas conocen.

Hasta aquí todo reconocible. Un muchacho sin demasiadas expectativas, un viejo mentor sabio que conoce mucho más de lo que aparenta, un enorme castillo lleno de secretos y las historias de un pasado legendario. Una de tantas novelas de fantasía épica.

Pero Williams comienza pronto a complicar las cosas, tanto desde la propia construcción de su protagonista como desde la manera en que decide contarnos su historia.

Una de las primeras cosas que llama la atención de El trono de huesos de dragón es su ritmo. Williams dedica una eternidad de páginas a presentarnos la vida cotidiana del Hayholt, las relaciones de Simón y sus pequeñas preocupaciones, algo que puede desesperar a quienes esperan una gran aventura desde el principio. Puedo entenderlo, pero creo que esa lentitud es importante para lo que Williams pretende hacer, porque consigue convertir el castillo en un lugar reconocible, en un hogar donde los personajes tienen sus propios problemas y donde la vida continúa con independencia de las grandes amenazas que puedan existir fuera de sus murallas. Algo parecido ocurre con la Comarca de Tolkien, cuya importancia comprendemos mucho mejor precisamente porque hemos tenido ocasión de conocerla.

Otra similitud entre Williams y Tolkien es que ambos utilizan la distancia entre la aventura imaginada y la experiencia de vivirla para desarrollar a sus protagonistas, sin convertirlos en personajes que desde el principio parecen preparados para enfrentarse a cualquier dificultad. De hecho, en su evolución no desaparecerán por completo algunos de los rasgos que los caracterizaban antes.

Parece así desconfiar de una concepción del heroísmo basada exclusivamente en las grandes hazañas, dando relevancia a la capacidad de perseverar ante dificultades, de interesarse por personas cuyas experiencias son diferentes de las nuestras o de reconocer nuestros propios errores, aunque esas cosas no suelan aparecer en las grandes canciones.

El cuestionamiento del heroísmo es sólo una pequeña parte de la intención de Williams. Su historia se ocupa principalmente del problema de la legitimidad del pasado. Como comentamos antes, una de las convenciones habituales de la fantasía épica es la existencia de un pasado legendario cuya grandeza es la referencia de los personajes del presente. Williams utiliza esta tradición, pero introduce una pregunta: ¿hasta qué punto podemos confiar en la historia? Al fin y al cabo, los acontecimientos del pasado adquieren significados diferentes dependiendo de quién los recuerde y de las razones por las que decida hacerlo.

En buena parte de la fantasía épica, la legitimidad del poder aparece relacionado con el destino. El regreso del rey legítimo es una restauración del orden que había sido alterado. El ejemplo de Aragorn, simplificado, resulta bastante evidente. Digo simplificado porque Tolkien dedica mucho esfuerzo en explicar por qué su protagonista está preparado para gobernar y muchos de sus parientes demostraron incapacidad. Pero eso es otra historia y debe ser contada en otra ocasión.

Por ahora, nos quedamos con la superficie, que es la que hereda esa fantasía épica fácil de los 70 y 80. Que es la que utiliza Añoranzas y pesares para analizar, entre otras cosas, por la diferencia entre poseer poder y merecerlo. En este sentido, Sarah Jones identifica una sensibilidad antiautoritaria en la obra de Williams. Para Jones, la historia termina cuestionando la propia estructura del poder, especialmente en la segunda saga de Osten Ard. Una preocupación que, por supuesto, volverá a aparecer en George R. R. Martin.

La melancolía

Los Sitha son otro de los elementos que relacionan la fantasía de Williams con la de Tolkien, y a la vez permiten comprender algunas de sus diferencias. Se trata de un pueblo antiguo, de mucha belleza, de largas vidas, cuya cultura conserva conocimientos de acontecimientos que los hombres apenas recuerdan. El castillo de Hayholt, centro del poder humano, está construido sobre los restos de Asu’a, una antigua ciudad de los Sitha.

Ven la llegada del hombre al continente, por eso parte de la historia de Osten Ard se puede analizar desde una perspectiva relacionada en cómo la expansión humana transformó los territorios que los Sitha habían ocupado durante generaciones, y el peso de este pasado en los motivos de ambos pueblos en el presente.

Es uno de los grandes problemas que quiere plantear Williams: cuando se sufre una injusticia histórica, ¿qué significa realmente repararla? La nostalgia por lo perdido, ¿puede convertirse en una justificación para cometer nuevas injusticias?

Williams relaciona el resentimiento histórico con una forma de entender la memoria que termina condicionando toda la existencia de determinados personajes. Empezamos a acercarnos a uno de los elementos que después adquirirá bastante importancia en la fantasía grimdark: la posibilidad de que personajes cometan atrocidades convencidos de que se hace lo correcto. Villanos con razones.

Aunque Williams todavía está lejos de este género. Está más interesado en cómo podemos recordar aquellas injusticias sin quedar atrapados indefinidamente dentro de ellas. Y en cómo de reales son.

En un momento de El trono de huesos de dragón, Morgenes explica que los libros son una especie de trampa que permite mantener cautivo el conocimiento, incluso después de que sus autores hayan desaparecido. Pero conservar aquellos conocimientos tampoco significa que seamos capaces de comprenderlos correctamente, especialmente cuando intentamos interpretar acontecimientos que ocurrieron hace siglos y de los que apenas quedan testimonios. Williams utiliza esta dificultad para cuestionar uno de los recursos habituales de la fantasía épica: las antiguas profecías que parecen contener las respuestas necesarias para resolver los problemas del presente.

Williams utiliza las antiguas profecías para explorar hasta qué punto podemos confiar en nuestra interpretación del pasado, especialmente cuando los conocimientos que hemos heredado están incompletos y tendemos a entenderlos de acuerdo con nuestras propias expectativas.

La memoria es así un instrumento de poder cuando determinadas personas o instituciones deciden qué acontecimientos merecen recordarse y cuáles deben desaparecer de los relatos oficiales.

El Sufrimiento

Todo lo anterior conecta con otra de las grandes preocupaciones de Williams, el sufrimiento en el mundo. El teólogo Brad East dedicó, de hecho, un interesante ensayo a esta cuestión (y luego va más allá, vale la pena echarle un vistazo al artículo si te interesan estos temas). East subraya la frecuencia con la que los personajes de Williams se preguntan por la existencia de Dios y su bondad, y lo relaciona con cómo podemos aceptar la existencia de un Dios bueno y todopoderoso cuando el mundo está lleno de sufrimiento aparentemente injustificado.

En mi opinión, Williams conecta aquí también con algunas de las preocupaciones más profundas de Tolkien, aunque desde una sensibilidad diferente. La concepción de eucatástrofe de Tolkien se basa en la confianza de que el mal y la muerte no tienen la última palabra. Defendía que una historia fantástica podía ofrecer consuelo a través de un giro inesperado, cuando ya todo parece perdido, siempre que la posibilidad de derrota y el sufrimiento sean reales. Recordad que Frodo fracasa en el momento decisivo de su aventura. La destrucción del Anillo es posible por la intervención de Gollum, cuya supervivencia fue causa de la piedad de Bilbo.

Así que tenemos una historia donde el protagonista fracasa y donde la victoria exige un sacrificio personal del que nunca llegará a recuperarse completamente. La verdad es que hay que hacer una lectura tremendamente simplista para considerar que eso es una visión ingenua del heroísmo o de la concepción del bien y del mal. Pero mucha literatura comercial de los 70 y 80, la hizo.

Sin embargo, Williams conocía bien esa complejidad de Tolkien y estaba interesado en explorar cómo responden las personas cuando descubren que el mundo, cruel y violento, no se comporta de acuerdo con sus expectativas. En una conversación pública mantenida en Reddit en 2017, le preguntaron por sus creencias religiosas y Williams explicó que no había crecido dentro de una religión organizada, aunque tampoco consideraba que las convicciones religiosas fueran necesariamente incompatibles con su propia visión del mundo. Y añadió algo clave: si tuviera que definir su religión personal, sería la bondad.

Este es el principio ético que estructura la saga de Añoranzas y Pesares. La bondad y la compasión adquieren una importancia fundamental en la concepción del heroísmo en Williams cuando los personajes deben decidir cómo comportarse frente a quienes consideran responsables de su sufrimiento.

Williams está interesado en personajes que pueden actuar correctamente incluso cuando hacerlo implica reconocer sus propias limitaciones, algo que, insisto, resulta bastante más difícil de representar en una gran canción sobre las hazañas de un guerrero extraordinario.

Conclusión: De la melancolía al grimdark

Creo que aquí encontramos una de las razones por las que Añoranzas y pesares ocupa un lugar tan importante en la evolución de la fantasía épica. Williams utiliza las convenciones que habían terminado asociándose con los herederos de Tolkien para cuestionar algunas de las certezas sobre las que descansaban las grandes leyendas heroicas, especialmente cuando descubrimos que el pasado puede ser bastante menos admirable de lo que nos habían contado.

Pero incluso después de mostrar que los grandes héroes también podían equivocarse y que los enemigos podrían quizá tener razones comprensibles para odiarlos, Williams continúa considerando posible actuar correctamente. Su fantasía reconoce el sufrimiento y la injusticia, aunque conserva una confianza importante en el valor de la compasión.

Es una buena manera de comprender su lugar entre la melancolía de Tolkien y el desencanto de parte de la fantasía posterior. Reconocer que nuestros héroes son imperfectos tampoco significa que tengamos que renunciar a ellos.

Williams reconoce que el mundo está lleno de sufrimiento y que nuestros héroes son personas imperfectas, pero no por eso se debe concluir que cualquier intento de actuar moralmente carece de sentido.


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